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This digitization project was funded by a grant from the National Endowment for the Humanities

 

 

EUGENIO MARIA DE HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK- ARTICLES

 

 

3. Manifiesto a los puertorriqueños 111

 

 

Puertorriqueños:

 

En nombre de la confraternidad que nos ha unido en la tiranía, que debe reunirnos en la libertad, los cubanos y puertorriqueños del Club de Nueva York os saludan cordialmente.

Mucho mas infortunados que nosotros, debéis vuestra situación a la negligencia del acaso, no a la vuestra. Vosotros hicisteis en el día de Lares lo que basta para salvaros de la

 

111. Publicado originalmente en La Resolución, Nueva York, febrero 22 de 1870. Posteriormente, fue recogido y publicado en: Emilio Roig de Leuchsenring. Hostos y Cuba (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1974) pp. 127-130. Al final del articulo aparecen los siguientes nombres: Como presidente del Club, Miguel Aldama. Como comision redactora, Eugenio María Hostos, Francisco Ruz, J. Francisco Basora. Como miembros del Club, Hilario Cisneros, J.M. Mestre, Leonardo Delmonte, Manuel M. Sterling, Enrique Pifieyro, Nestor Ponce de León, Rafael Lanza, Pedro Alfaro, Dr. Ramón Aguirre, M. Casanova, Juan 1. de Armas, Bernardo Soto, José Fernández, Juan Osorio, Emilio Romay, Antonio Aguero, Luís F. Mantilla, Ramón Garda, José Torralba, P. Barreto, Pablo Oxamendi, J. F. Martinez, Gaspar Betancourt, A. A. Martines, P. Martín Rivero, J. Antonio Zunzunegui, Joaquín Mariano Aguero, Ricardo Pifieyro, Gonzalo Acosta, Juan M. Ferrer, M. Ferragut, J. Souza. Como secretarios del Club, José María Cespedes, Francisco Valdes Mendoza. Este escrito no fue incluido en OC-39.


 

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indignidad soportada dócilmente. Pero es necesario que hagáis mas para salvaros de la indignidad impuesta. Combatid.

No necesitáis pretextos. Milita de vuestra parte la razón; y os guía la justicia.

Que ella, sola, abandonada, burlada por el egoísmo de los hombres, renegada por el interés de los gobiernos, tiene fuerza bastante para resistir, para vencer, para imponerse, os lo esta probando la revolución de Cuba.

Con intimo dolor de la conciencia humana, aquel pueblo de dignos se ha visto desamparado, cuando contaba con el amparo de la civilización; ha visto a precio de mercaderes el derecho de su dignidad y de su vida, cuando creía que su restitución a la categoría de entidad nacional independiente, era valor para el comercio de la tierra y era una esperanza para el progreso de los hombres. Cuando solo había contado como enemigo con la codicia voraz de sus tiranos, la voracidad codiciosa se vierte contra el, y en Londres como en Nueva York, los mercados europeos y americanos se Ie oponen.

A este monstruoso soborno de la razón por la avaricia, contesta en Cuba el heroísmo que infunde la posesión de las ideas mas santas. En vano militaran contra ella las fuerzas disciplinadas de España; en vano mancharan su historia las atrocidades execrables de los VOLUNTARIOS; en vano renegaran los intereses que la mezquindad individual hace miopes; en vano la desamparara la miopía de los gobiernos que no saben descubrir sus verdaderos intereses. Cuba seguirá tranquilamente hacia adelante en virtud del principio sacrosanto que la guía.

Los que la abandonaron, los que la desamparan, los que apostatan de los principios que ella consagra con sus minas y su martirio, repararan su error.

Repararan su error, por dos razones:

Primera, porque la humanidad no puede ya condenarse al desprecio de si misma, abandonando a una sociedad nueva, que se levanta a reclamar para su vida el beneficio de los principios que santifica el lento Vía Crucis de la Historia;

Segunda, porque los mismos intereses, hoy hostiles por ser ciegos, serán mañana amigos por ser lucidos.


 

 

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El pueblo norteamericano, que hasta ahora ha sabido armonizar los intereses materiales de que vive, con los intereses morales por que vive; el pueblo norteamericano, que ha logrado hacer de aquellos lo que son esencialmente, consecuencia de los intereses perpetuos de la razón, de la libertad, de la practica omnímoda del derecho ha visto perspicazmente que la indepen­dencia de Cuba es, no solo un interés moral del Nuevo Mundo, sino tambien un complemento necesario de sus intereses comer­ciales e industriales.

As! es tan in contrastable su actitud en favor de nuestra causa; as! tan enérgica la reclamación que, en pro de nuestro derecho, dirige incansablemente a su gobierno.

Este ha vacilado; pero no ha cedido. La historia diplomática de la revolución de Cuba autoriza esta afirmación. El Gabinete federal ha visto claramente el derecho de los cubanos, y si no lo ha reconocido de hecho, lo ha consagrado en principio. A cada negación de la diplomacia española, ha respondido en cada despacho, que el gobierno como partido federal, simpatiza can todo pueblo que, en este continente, se levanta a defender el principia americano.

El principio americano es el derecho de la vida propia que tiene toda sociedad. De el se derivan: la separación política del continente europeo y del continente americano, tierra firme, archipiélago 0 islas; la constitución del gobierno popular; el reconocimiento incondicional de los derechos humanos; el orden de todos los elementos sociales por la practica de todas las libertades; el imperio de lajusticia por el imperio del trabajo.

Si el gobierno federal no ha completado el derecho que en principio reconoce, con el hecho del reconocimiento ejecutivo, es porque la guerra sagrada de los cuatro anos, ha dejado pendientes asuntos embarazosos como el de: "Alabama", y suscitado problemas internacionales que dificultan su acción. Pero hoy mismo, en los mismos instantes en que os dirigimos nuestra palabra fraternal, el Comité de Negocios extranjeros, que, en el Senado federal decide de las relaciones de la Federación con los demás pueblos de la tierra, adopta en principio el derecho de beligerancia.


 

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Resignación de pocos días, y gozaremos del deleite supremo de ver reconocida la justicia. El mismo interés, que hoy nos combate, será entonces nuestro auxiliar activo, y la revolución de Independencia, que hoy es incontenible, será mañana incontrastable. Al reconocimiento del gobierno americano, seguirá el de todos los gobiernos, y seremos independientes, y podremos ser libres, y con solo querer, seremos venturosos.

Y vosotros, puertorriqueños, ¿nos veréis independientes y seguiréis dependiendo; nos veréis libres y seguiréis esclavos, envidiareis nuestra ventura y tendréis que devorar en la desgracia vuestra envidia?

An tes la muerte para vosotros, antes para nosotros la deshonra.

 

¡No, puertorriqueños! Es necesario que antes de ser inde­pendiente Cuba, halláis empezado vuestra obra. No serán ya los mismos que se nos han opuesto, los inconvenientes que se opongan a vosotros; no será para vosotros tan amarga la defensa de la justicia ni tan estrecho el sendero de la honra.

Si necesitáis nuestros recursos, los tendréis. Ya son vuestros, que cuando no os los entregara nuestra inmensa conmiseración por vuestra desventura, os los daría nuestro interés de presente y porvenir.

El presente debe unirnos en la lucha como nos unirá el porvenir en el reposo, porque el pas ado nos ha reunido en la esclavitud, y porque la naturaleza nos ha ligado en limites comunes.

mañana no seremos libres, si vosotros no sois independientes; si no es común el esfuerzo por unificar nuestros inte­reses semejantes, nuestros recursos iguales y nuestros fines idénticos. Hoy no seremos dignos, si a un mismo tiempo no purificamos nuestra tierra sagrada del virus español.

puertorriqueños: el día de las Antillas empieza a alborear en nuestros horizontes.

¡Ay de nosotros, por vosotros, puertorriqueños! que solo vosotros seréis entonces responsables de vuestra indignidad completa, de nuestra incompleta dignidad, y sobre vosotros pesara solamente la responsabilidad de conciencia que con­


 

 

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traeis ante las generaciones del porvenir, si pudiendo preparar auxiliares al progreso humano, seguís dando esclavos al desprecio de la tierra.

 

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