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EUGENIO MARIA DE
HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK-
ARTICLES
7.
El despotismo del desprecio
España ha castigado con todas sus brutalidades refinadas, con
todos sus artísticos horrores, con todas sus trágicas iniquidades
la mansedumbre y la rebeldía de sus colonias.
Los
que no sepan la historia de la dominación española en el Nuevo
Mundo, que la lean. En ella verán sufrir a todos los colonos lo
mismo que ellos han sufrido ano tras ano, día tras día, minuto
tras minuto. Una sola cosa no verán en esa historia; la
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insolencia desdeñosa de que España ha hecho gala en Puerto Rico.
Absolutistas y constitucionales, demócratas-momirquicos,
republicanos-federales, todos los gobiernos españoles han desdeñado
a Puerto Rico. Tenían dos motivos igualmente inicuos para
desdeñarnos: primero, nuestra pobreza; segundo, nuestra mansedumbre
de corderos.
El
miserable poetastro155a
español que, después de deber
a la Isla una hospitalidad fraternal de que era indigno, volvió de
su agradable destierro a insultarnos infamemente, no hacia otra cosa
que parodiar en versos repugnantes la conducta tradicional de España
en Puerto Rico. La Isla, rica como podría ser bien gobernada, no
bastaba a la rapacidad de su gobierno, y este la pisoteaba. Se
dejaba pisotear, y el gobierno español la despreciaba.
Hubo
un día en que estuvo a punto de temernos, porque creyó que las
asonadas de Mayagüez y el alzamiento de Lares eran protestas serias.
Pero
se contento con castigar a latigazos las asonadas y con imponer el
tormento de prisiones infectas a media Isla cuando sofoco el
movimiento de Lares, y dijo satisfecha en su desprecio: La Isla de
Puerto Rico es mansa como un cordero y leal como un perro a su
querida madre-patria.
Sanz,
Gómez Pulido y los pulperos españoles convertidos en marqueses eran
bastantes para imponer respeto al manso pueblo, y este tuvo que
sufrir la insolencia de los flamantes marqueses que un día habían
barrido las aceras de sus calles, y la Isla tuvo que devorar en
silencio los ultrajes de Gómez Pulido y de Sanzo
Estaba España en plena libertad, y no pudiendo negarse a recibir a
los representantes de Puerto Rico, los recibió con desden,
llamándolos filibusteros encubiertos, desoyendo sus clamores en
favor de la Isla despreciada, abandonándola a generales
reaccionarios en tanto que ella se gobernaba por los hombres que
personificaban la revolución.
Desde
1867, antes que nadie y dando un ejemplo sin antecedentes y sin
imitadores, la Isla había pedido la abolición
155a.
Alude a Manuel
del Palacio.
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inmediata de la esclavitud, y España, como siempre, había
despreciado el clamor de Puerto Rico.
Los
insulares que tuvieron la debilidad de ser como diputados
"consentidos" a las Cortes españolas, habían reclamado la
emancipación de los esclavos, y España se había tapado los oídos y
Ie había vuelto las espaldas.
Lo
que su insolente desprecio no hizo cuando la Isla despreciada lo
pedía humildemente, qui so España hacerlo cuando dos poderosos:
Inglaterra y Estados Unidos lo exigieron con arrogancia. Mas aun,
obedeciendo a los fuertes pudo España burlarse de la Isla, y Ie dio
una ley de abolición inmediata que esclavizaba todavía por tres anos
a los llamados irónicamente manumisos, y hoy un ano después de la
ley sarcástica, puede un soldado, el general Sanz, restablecer por
un simple decreto el estado de servidumbre de los negros.
Había
nuevos medios de probar hasta que punto desdeñaba España a Puerto
Rico y Ie arrojo el titulo primero de su Constituciónn democrática,
segura de que ni aun de los derechos que ella otorga harían uso los
puertorriqueños para acabar de una vez con la insolente dominación
de los extraños.
En
tres siglos de resignación servil contra una sola cosa y contra un
solo hombre se había atrevido Puerto Rico a protestar con energía;
contra el general Sanz y contra su vuelta a la Isla. Pues bien, lo
primero que ha hecho el gobierno de Serrano al aprovecharse del
cómico golpe de Estado que ha echado por tierra la Republica, ha
sido despreciar la primera y la única protesta de Puerto Rico,
enviándole al general que detesta y la detesta.
Esa y una mas larga serie de actos demuestran que el desprecio es el
sistema seguido en Puerto Rico por España.
Ha dominado a todas sus colonias con la tiranía de la fuerza: ha
inventado para nosotros la tiranía del desprecio.
Y lo sufre la Isla. ¡Y nos llamamos hombres. ¡Y nos llamamos pueblo!
"Antes con gloria muertos que vivos en la infamia".
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