I. CARTA AL DIRECTOR DEL "DlARIO CUBANO"
Señor director del Diario Cubano.
Señor y amigo mió: De tal modo estoy dispuesto a complacer a
usted, que voy a hacer mas de lo que usted pide. Pide una
explicación firmada de lo que usted llama discurso y llamo yo mi
exhortación; y declaro bajo mi firma que no oye bien el que
habiéndome oído, diga que yo he podido expresar otras ideas u
obedecer a otros sentimientos que los siempre obedientes a mi
conciencia.
Mi
conciencia me dice que el anhelo supremo de mi vida, la
independencia absoluta de las Antillas, tan posible por las
condiciones geográficas y económicas de esos pueblos, seria una
obra difícil para la generación que esta destinada a conquistarla,
que ha empezado heroicamente a conquistarla, si no se cura a
tiempo de dos vicios que ha inoculado en nuestra raza el
despotismo. Del primero, producto necesario de aquel funesto
principio de autoridad que, además de nuestra libertad, ahogaba en
nosotros la dignidad humana, se origina la falsa idea de libertad.
Del segundo, engendro maldito del gobierno personal, se produce
aquella costumbre de encomendar a otros lo que debemos hacer por
nosotros mismos. El primero engendra anarquía; el segundo procrea
dictadores; una y otros se completan, y en dondequiera que el odio
sistemático a la autoridad produce la anarquía, hay un ídolo de la
multitud, que la esclaviza; y en dondequiera que hay idolatría
política, hay un estado latente O patente de anarquía. La sociedad
que padece de esos males, no es libre. Y si yo quiero la
independencia absoluta de las Antillas, es porque quiero probar a
nuestros detractores que las Antillas pueden ser libres.
Con
tales propósitos, y obedeciendo a tales ideas, claro es que me
opongo a todo lo que pueda contrariarlas. He aquí por que, a todas
horas y en todas partes, exhorto a los cubanos a que no amen otra
cosa ni crean otra que las ideas.
Por
eso, en Irving Hall, empecé hablando de nuestra idea capital: la
independencia. Quien se oponga a ella, es nuestro enemigo. ¿Se
opone indirectamente quien, desatendiendo el derecho de la
autoridad legitima, intente divorciarnos de ella? Pues es nuestro
enemigo. ¿Se opone la conducta de esa misma autoridad? Pues es
vuestro enemigo. Al primero, combatidle oponiéndole el derecho de
la autoridad. A la segunda, haciéndole una oposición publica,
clara, patente, yendo en corporación a decirle: "Te extravías,
dejas de hacer esto, O te excedes en lo otro. Haz lo que falta,
abstente de lo que sobra."
De
modo que, desatendiéndome de las personas y atendiendo a las
ideas, yo no hablo ni en pro ni en contra de la Junta, en contra
ni en pro de nadie. El día en que yo descienda a personalidades, y
me haga la injusticia de secundar intereses personales, habré
puesto mi patriotismo al nivel de las personas, y es poco para mis
ideas la estatura ordinaria de cinco pies.
201