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This digitization project was funded by a grant from the National Endowment for the Humanities

 

 

EUGENIO MARIA DE HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK- DIARY ENTRIES

 

 

Domingo 9 de enero de 1870, 4 de la tarde

 

 

EI articulo del Herald me había conmovido tan hondamente, veía yo en él una expresión tan clara de las miras del gobierno federal y de los deseos del pueblo americano, son tan contrarios a mi pensamiento esas miras y esos deseos, su exposición, en los momentos mismos en que Cuba encuentra mas enemigos y más indiferentes, me parecía tan ruda, velo tanto por la dignidad de esta querida revolución de las Antillas, la veo tan comprometida por las reservas mentales de los representantes aquí de la revolución, tan patentemente se me presenta el peligro de caer, de España en Norteamérica; me parece solución tan contraria a la justicia la de la compra de la pobre isla; hay un abismo tan insondable entre mi fervor y la frialdad de los demás, lucha tanto mi pensamiento total con los pensamientos parciales de los otros; temo tanto que el odio a España sea la única razón del movimiento, y de tal modo me asusta una revolución que solo tiene odios, que preferiría cruzarme de brazos y esperar estoicamente los sucesos, antes que hacerme cómplice de la indignidad de la venta a que parecen propensos, aun cuando lo nieguen, aquellos que representan oficialmente en Nueva York y en Washington, en la prensa y en las conferencias diplomáticas a Cuba.

Había, como era necesario en mi, pensado en la conveniencia de gran cautela, y leí con atención y aplaudí con sinceridad el articulo en que hábil ingeniosamente contesta P. al corresponsal del Herald. Pero como la contestación dejaba pendientes los puntos culminantes y evadía con diestra intención, pero con intención contraria a los fines de la revolución antillana, la insinuación ultrajante de la venta, yo, que había logrado expresar parte de mi pensamiento en el suelto en que combatía la conducta del gobierno americano, propuse atacar de frente la cuestión de la venta. P. se opuso; primero en nombre de la inutilidad de toda acción contraria al fuerte, acción que el tiene por ridícula, porque el no quiere  impedir que "suceda lo que ha de suceder", segundo, en nombre de la conveniencia que puede mañana obligarnos a la venta; tercero, en nombre de sus derechos de director que, pues me dejan en el uso de los míos, consintiéndome que yo cultive un campo aparte, deben dejarle también el cultivo particular de sus ideas. Jamás argumentos mas insólidos combatiendo ideas mas sagradas y sentimientos mas honrados. Y, como era necesario, salte. Salté con la fuerza con que salto, y aun cuando el rehuyó cuanto y como pudo la deliberación a que lealmente lo invitaba yo, me levante severamente, Ie exigí con el ceno fruncido una inmediata explicación, y se explico. Se explicó con sofismas. Su talento, su verdadero talento, sustituye su falta de ciencia política, emboza los intereses meramente personales, de ambición y de amor propio con que ha venido a la revolución, e insistiendo en que la revolución no tiene otra idea que la de arrojar de Cuba a España, y negándome que la representación oficial de Cuba tenga aquí los deberes que yo Ie atribuía, es decir, la representación real y eficaz de los principios. . . . . . . . . . . . . . . . . . .

"Yo no descenderé a otros pormenores. Mas ya que la Junta es la que ha dado al señor P. la dirección del diario, quiero saber si ella apadrina sus ideas. Así quedaré en absoluta libertad de juicio," Esta es sustancialmente mi carta y


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ésta la intención que la dictaba. Hombre como los demas, si no me parezco a ellos en el uso siempre generoso que hago de mis pasiones, las tengo como ellos, y apasionado por la desviación que se intenta sordamente, por los atentadosque se cometen contra los santos principios que yo atribuyo a la revolución y defiendo en eUa, y por Ia visible desconfianza con que, por miedo a mi severidad y a mi radicalismo, se me trata, yo querfa que la carta hiciera comprender la oposición que eUos han comprendido y que, probablemente los habra asustado, pues si no han venido, como yo presumia, sin esperarlo, a disuadirme, habran de algtin modo influido en la actitud de P., que esta manana estaba inesperadamente en casa de Basora. No rehuyó la discusión con que contaba para que mis amigos inmediatos me disuadieran, y la planteó a su modo, y de manera que, poniendo mi resolución como acto impremeditado y como locura de ideólogo, los otros que, por ideólogo no me entienden, desaprobaran mi ligereza y aprobaran su prudencia. No logró completamente su deseo, porque, aunque Basora y Marquez y Betances desaprobaron mi salida del periódico y en todos los tonos y con mil argumentos me aconsejaron mi permanencia en el; Basora, que ve en mi un arma de oposición contra la Junta; Marquez, para quien no es bastante razón un rasgo de dignidad; Betances, que me cree una garantia de las ideas que el por pasión y por mas sensibilidad comparte conmigo, todos aprobaron que yo quisiera claridad en la conducta, todos se detuvieron a discutir si era P. 0 era yo el que representaba realmente la revolución, inclinandose a mi parecer.

Quedó tan probado que era el verdadero amigo de la revolución, que yo representaba realmente los sentimientos que la guian, que yo tengo estfmulos mas altos, que casi me inclinaron a seguir elconsejo unanime de todos eUos y permanecer en el. periódico, como garantia de que nunca se hara nada contra la dignidad de las Antillas. Pero yo no seguire en el periódico sino despues de pactar seriamente sobre estos puntos: 1ọ] mi posición, mi caracter y mis derechos en el diario; 2ọ] que conforme a eUos, no se tomara resolución que yo no aprue be; 3ọ] que se esclarezca la conducta del periódico y que, a la primera coyuntura se me deje dar el programa de la revolución de las Antillas. Asi, y con un poco de ductilidad para aprovecharme de la debilidad de los otros, podrfa yo ser util. Pero mas lo seria si,. realizando mi deseo, me mandan a Haiti, en donde yo trabajaria a la vez por la revolución armada de Puerto Rico y Cuba y por mi pensamiento federal de las Antillas.

Sí: yo no sirvo para las luchas de miserias. Hoy como ayer, cuanto mas aprendo del mundo y de los hombres, con mas impaciencia soporto las dificultades que uno y otros oponen con sus pequeneces alas grandes cosas. Yo se que la transacción con la realidad es una obligación cardinal del politico pensador, del revolucionario de pensamiento, pero como no Soye yo quien lucha directamente, como no es a mi a quien dejan vencer esas dificultades, como soya quien cuidadosamente apartan, como es de mi de quien mas esmeradamente prescinden, tanto mas fanaticamente me aferro a mis ideas cuanto mas satanicamente las maten O las adulteren ellos. La lucha que con ellos entablo es entonces tanto miis energica cuanto que es manifestación de una lucha mas honda, maS larga y mas tenaz que sustento continuamente conmigo mismo. Quiza nací

 

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yo para imponer, como me lo dicen los recuerdos de aquella dominante adolescencia mla y la imposibilidad de imponer en que he caido, no sólo por el mejoramiento moral e intelectual que me han dado mi solitaria y casi heroica eduaación, sino tam bien por la perdida de fuerzas que me han atraido las desgracias y los abusos de mi organismo y los rigores de mi conciencia y la alteza misma del fin austero de mi vida, me da estas alternativas de vehemencia exaltada y de pasividad desdefiosa que constituye la impotencia de los que pudieran ser poderosos. Quiza nad yo para poner en acción los principios mas racionales, los sentimientos mas humanos, las ideas mas completas, y como no he podido todavia practicar lo que siento, pienso y quiero, me martirizo en lo incompleto de mi vida, y la hago, sin querer, mas infructifera que fuera si con menos fuerza interior, tuviera aquella fuerza, de los. debiles, aquella £lexibilidad que no se atreve a la recta y recorre triunfalmente todas las curvas de los negocios de la vida. Quiza nad yo para el gobierno, y el despecho de verme mal gobernado me inutiliza. Quiza no nad yo para martir y el largo aprendizaje que llevo de martirio me encoleriza infecundamente.

Pero sea lo que sea, yo no sirvo para las luchas de pigmeo que me imponen, yen vez de triunfar de P. y de la Junta, quisiera ir a llevar mi pensamiento a esos pobres negros de Haiti, con cuyo concurso quisiera yo realizar mi santo ideal del porvenir.

Mas facil y mas real; por ser mas inmediato y por depender absolutamente de mi vol un tad y de mi habilidad, es el programa que cometi la imprudencia de desplegar a los ojos de M. y de B., y que tal vez vuelva imprudentemente a discutir esta noche con Ba. y Bs. Este el programa. Maflana por la noche discute el Ciub una proposición absurda, que esta basada en un senti. miento sano y en un instinto Seguro; se pide el cambio de lugar para la Junta, y

. que se vaya a Inglaterra a trabajar. El sentimiento, casi siempre incompleto, se siente herido por la conducta norteamericana, y con razón; pero no sabe que todo acto anterior es un compromiso posterior, y que no se puede aventurar el porvenir de una idea al olvido de un compromiso. Yo intento hablar, y decir la verdad sobre la revolución, sobre su desarrollo, sobre la dualidad entre ella y su representación aqui; sobre la necesidad de salvar la dualidad, atendiendo mas a Cuba y desatendiendo mas a los Estados Unidos, pero sin romper con estos y simplemente destruyendo la acción contraria que ellos intenten, con los intereses, las pasiones y la política de otras potencias. Por tanto, no cambio de lugar, sino distribución de agentes. Y como hay el sentimiento de lo que yo diria, y como yo tengo todo el pensamiento de la revolución en mi, bastaria que yo demostrara que los agentes de Cuba aqui no saben que es lo que deben, para concitar contra ellos la justa indignación que merecen. Entonces, de explotado pasaria yo a la categoria de respetado, al inolvidable caracter de temido, y de ese modo podria conquistar la iniciativa que necesito. Pero yo no siruo para eso. Tal vez haga lo que pienso, tal vez la pasión me obligue a hacerlo; pero es probable que no sepa sacar el fruto personal que me conviene.

 

 

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