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This digitization project was funded by a grant from the National Endowment for the Humanities

 

 

EUGENIO MARIA DE HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK- DIARY ENTRIES

 

 

 

 

Lunes 28 de Marzo. 1870. noche

 

 

La del lunes pasado, fue una noche de descontento; ¿debe ser de contento la de este lunes que termina? Vengo del Club, en donde tan inconexamente como siempre, he expresado entre truenos de aclamaciones y de aplausos el pensamiento de mi vida. Ahora, al unir esos aplausos, que más me importunan que me embriagan, con mi pensamiento dominante, veo un motivo de regocijo: no estoy solo: es decir, mi idea no es mía, es de todos. Pero ¿hice bien en expresarla? Cuando pienso que todos somos tan cobardes de pensamiento que todo pensamiento enérgicamente expresado nos asusta, creo que si; cuando ensoque la revolución esta en manos de los que aquí la interpretan mal y la hacen esclava de la idea anexionista, creo que si; cuando pienso que Macias, el autor de la Liga, no sabe otra cosa que pedir anexión y buscarla y predicarla, creo que si; cuando pienso que Escobar, por sus ideas, su energía y su sentimiento, en favor de la anexión, y esta noche, delante de los americanos, ha abogado por ella y la ha razonado y la ha elevado a la categoría de sistema, creo que si. Y creo que sí, porque creo que son perjuros de la revolución cuantos no quieren sus fines

 

 

 

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lógicos, y que son apostatas de la patria-suelo y de la patria-libertad cuantos venden los dolores de la independencia por la felicidad de la anexión. Pero cuando pienso que allí había dos americanos delegados de la asociación popular que se ha formado aquí en pro de Cuba, creo que no. Y no porque las virtudes sociales, cortesía, deber de hospitalidad, gratitud, etc., me impusieran la obligación de enfrenar un sentimiento generoso, de acallar una idea poderosa, de perder una excelente ocasión de conocer, fijar y dirigir el sentimiento popular, sino porque, además de abandonarme con exceso al sentimiento, que, gracias a su pureza misma no se ha desbordado en clamores peligrosos, pero ha presentado incompletamente mi pensamiento, era necesario en mi el atender a las pasiones que rugen a mi alrededor, en vez de aguijonearlas como temerariamente lo he hecho en mi discurso. Político verdadero es aquel que sabe utilizar todas las fuerzas, las pasiones y sus hombres entre ellas, para dirigirlos a la satisfacción de las necesidades morales y materiales, intelectuales y afectivas, de momento y perdurables, que tiene una sociedad en sus crisis como en su marcha regular.

Si Macias me mira con ojos rencorosos; si la Junta me esquiva y me aísla; si los mismos entre quienes soy popular y ante los cuales tengo el deber de realizar las esperanzas de hombres que les doy, no tienen para mi aquella continuidad de afecto, de resolución en mi favor, de confianza en mi fuerza moral e intelectual como en la sanidad de mi sentimiento, es porque yo mismo no sé completarme ni completar mi obra, ni ser lógico en mis manifestaciones como lo soy en mi desconocida realidad.

Yo hubiera esta noche podido hacer un servicio eminente alas Antillas, y les he hecho un medio servicio. Hubiera podido decirles lo que pienso, y sólo supe decirles lo que siento. Siento con viveza mayor cuanto más estimulada por las ideas de mis coauxiliares, que esa sagrada revolución de las Antillas puede caer en el abismo si triunfan los intereses y las segundas intenciones de la oligarquía plutocrática e intelectual, y, recordando la acción ejercida hoy por el gobierno federal contra Santo Domingo y viendo con ojos que ven la palpable indiferencia por las ideas que este negocio y toda la política federal en las Antillas patentiza, sentí con violencia y olvidé la austeridad del pensamiento. Pienso que es necesario que América complete la civilización, sirviendo a estas dos ideas: unidad de la libertad por la federación de las naciones; unidad de las razas por la fusión de todas ellas. A este trabajo han de concurrir todos los miembros del continente; tierra firme e islas: la tierra firme ha entrado en fusión; el norte, llevando a su consecuencia la libertad sajona y sirviendo de fundente alas razas europeas: el sur, fundiendo con la europea la raza indígena: fuera de la esfera de acción americana, intentando entrar en ella, las Antillas: ¿qué son las Antillas? El lazo, el medio de unión entre la fusión de tipos y de ideas europeas de; Norteamérica y la fusión de razas y caracteres dispares que penosamente realiza ,;

Colombia (la América Latina): medio geográfico natural entre una y otra parte del continente, elaborador también de una fusión trascendental de razas, las Antillas son, políticamente, el fiel de la balanza, el verdadero lazo federal de la gigantesca federación del porvenir; social, humanamente, el centro natural de las fusiones, el crisol definitivo de las razas. Por eso sirven de estación necesaria a las comunicaciones comerciales de la tierra, por eso serán un DIA la casa


 

 

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de peregrinos de la humanidad. Por eso también es un crimen de lesa providencia el intentar separarlas de sus fines.

Todo esto lo dije; pero lo dije deshilvanadamente, a borbotones, como relámpagos que exhalaba el sentimiento. No hice bien.

 

 

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