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EUGENIO MARIA DE
HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK- DIARY ENTRIES
Nueva York,
miércoles 12 de enero 1870, mañana
Ayer, inconscientemente, durante un
cuarto de hora del mediodía, cuando salí a dar el paseo con que
distraigo mis preocupaciones políticas, siempre que el día es
risueño y Broadway está poblada de mujeres encantadoras, estuve
hacien- do lo que cuadraba con el estado de mi ánimo: estuve
complaciéndome en seguir a una graciosísima chiquilla que
caminaba por mi camino, de quien me separé cuando nos separó el
camino. Yo no lo sabía; pero no por eso dejaba de cumplir mis
treinta y un años: treinta y un años empleados en imaginar y en
contener la imaginación, en sentir y en ahogar el sentimiento, en
pensar y en no utilizar el pensamiento, en luchar por dar realidad a
mis imágenes, a mis sentimientos y a mis pensamientos, sin obtener
de la lucha otro fruto que la creación de un ser contradictorio que,
así como sentía momentáneamente y momentáneamente hacía tal vez
sentir un afecto abandonándolo cuando podía continuarlo, así se
balancea perpetuamente en la región de los ideales concebí.
dos, amables por la raza, el corazón y la conciencia, irrealizables
para una voluntad que sólo quiere moverse en camino recto, que sólo
tiene por recto el camino igual, pulido, sin valladar entre la meta
y el punto de partida. Estoy diciéndome interiormente que esto no es
absolutamente cierto: que yo conozco demasiado a los hombres para no
sentir con ellos, para admirarme de verlos poniendo sus pasiones en
donde yo pongo mis principios, su egoísmo en donde yo precipito mi
abnegación, su frialdad calculada en donde yo mi indignación y mi
entusiasmo; pero si lo que me dice la voz interior es cierto,
también es cierto que yo agravo más mi pasividad, justifico menos mi
enfermedad, hago más criminal la negligencia con que me someto a
luchas que debiera dominar y dirigir, cuanto con más lucidez
discierna el valor de los obstáculos, cuanto con serenidad más
científica compulse la fuerza de los elementos sobre que tengo
que operar [destruido]. Y ¿de qué depende esto? De que ellos ponen
en la vida una fuerza que economizo yo; la voluntad. Que es
ciega, que es móvil, que es irreflexiva, que es malsana, que puede
llegar a ser malvada, todo es cierto; pero ellos dan movimiento
exterior a sus deseos, a sus pasiones mientras que yo medito y
agrando interiormente mi pensamiento que, siendo el más digno y más
humano, puede ser el más fácilmente interrumpido por las ambiciones
más in sanas y por las luchas más antihumanas. Examinemos si no, mi
situación actual.
Yo estoy en Nueva York para hacer la
revolución de Puerto Rico y contribuir al desarrollo de la de Cuba.
No hay uno solo que vea con más claridad la cuestión ni que tenga
para ella las soluciones que yo querría realizar. Pues, sin embargo,
no hay uno solo que no sea más útil que yo. Yo traigo mi pensamiento
organizado, y no consiento alteración en él. Las Antillas tienen
condiciones para la vida independiente, y 'quiero absolutamente
sustraerlas a la atracción
americana. Los otros creen que
sólo se trata de libertarlas y libertarse de la opresión de
España, y conculcan la lógica, la dignidad y la justicia, con tal
de conseguir su fin. Yo creo que la anexión seria la absorción, y
que la absorción es un hecho real, material, patente, tangible,
numerable, que no s consiste en el sucesivo abandono de las islas
por la raza nativa, sino en el inmediato triunfo económico de la
raza anexionista, y por lo tanto, en el empobrecimiento de la raza
anexionada. Los otros no hacen estas observaciones minuciosas, se
ríen de la absorción, tienen dinero o sueñan en tener dinero y
posición, y se ríen de los fines de la raza y del objeto final de
la situación del archipiélago. Yo conozco a los americanos, en el
momento actual. Son fuertes, son activos, son laboriosos, y aman
aquella libertad de hecho que pone a salvo todas las propiedades,
axial las del trabajo como las del pensamiento, así las de la
tierra como las de la conciencia. Educados en la libertad, la
completaron en el momento en que, conquistada la independencia,
pudieron por si mismos ordenar en razón sus instituciones y vivir
en razón su vida general. Pero como, de todos los pueblos de la
tierra, es el único que no ha sufrido, es el único para quien todo
camino se ha allanado y toda simpatía ha sido activa y todo
obstáculo ha sido un triunfo, le sucede lo que a los individuos de
vida fácil, que son fríos por ser felices y son ambiciosos por ser
fríos, y es frío porque ha luchado poco y es ambicioso porque cree
y le hacen creer que la felicidad se aumenta con la extensión de
lo que se cree felicidad. Pues bien, yo, a quien no pueden
asombrar las tentativas de un gobierno que dirige un pueblo como
este; yo, que lo estimo demasiado para no dolerme de su extravió;
yo, que desde El Progreso desde
1867; lloro su ambición
territorial; yo, [destruido]. Y he aquí como, por desdeñar
diariamente mi experiencia diaria, por empeñarme en variar la
realidad, por insistir en hacer vida heroica, estoy no haciendo
nada por las Antillas, estoy disgustado de lo que veo en el pasado
y de lo que veo en el presente y para el porvenir, estoy cada vez
más descontento de mí mismo en un abismo cada vez mas hondo, cada
vez mas alto mi ideal, cada vez más bajo yo, y he llegado a los
treinta y un años de mi vida sin haber vivido.
Todo dentro de mí; nada fuera de
mí. ¿Al sentimiento?: el vacío. Maria Lozada, niños ambos, sintió
por mí un afecto apasionado, que yo no supe apreciar ni
corresponder. Enriqueta Muriátegui y una de las Chavarry, en
Ludiema, (?); Lola Ruiz, Cipriana Mangual, en Mayagüez, hicieron
bien en no responder alas demostraciones vacilantes de mi
sentimiento; Matilde ha hecho bien en preferir a su marido;
amándola "Cuando encontraba obstáculos, desamándola cuando los
obstáculos eran indignos de mi fuerza, haciendo de aquel
sentimiento incompleto el pretexto de la prodigiosa actividad
moral e intelectual que entonces malverti, yo no la amaba como
amante ni la hubiera querido como, esposa. Y sin embargo. .. Sí,
ahí está el misterio; sin embargo, la amo, como se aman los
recuerdos, como se ama la vida que se ha vivido, como se ama la
obra que se ha hecho. Es, en la historia de mi sentimiento, la
única realidad con que tropiezo, y aun cuando es una realidad
confusa, embrionaria, tenebrosa, ideal de un ideal, desvanecido de
un color, medio camino de un fin (eso es, como es lo que yo he
hecho siempre, media camino de un fin), la acojo en la
imaginación con entusiasmo, la acerco a mi corazón con reverencia,
la contemplo en mi alma
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como un ideal. Después, Amparo.
¿No hay una carta de A. que lo dice todo?
Y yo la he dejado, sin embargo, en
la crisis difícil en que tal vez contribuí yo a precipitarla.
Después, Asunción: ¡pobre Asunción! Aun caen sobre mi corazón y
están asomándose a mis ojos las lágrimas desesperadas que vertía
en nuestra ultima entrevista. Después, Maria, y tal vez Candor.
Ésta vacilaba, ¡pero aquélla! ¡jamás sentimiento más espontáneo ni
más fuerte, más sencillo ni más in genuo! Y yo pude observarlo con
tranquilidad y, hoy, cuando lo recuerdo, me contento con recordar
y con decir: pude. Después, aquí, Memé. Yo no sé si es
amor, pero jamás se me ha acercado con tanta reverencia el fuego:
si a solas, o me aproxima su rostro encendido y me besa en los
labios y se esconde, o me contempla silenciosamente cuando los
demás nos miran, o se deja transportar de su sentimiento o su
deseo, y, como hace pocos días, prescinde de la gente y a mi
insinuante petición, traslada el beso solitario de los labios alas
rígidas mejillas mías que apenas se encienden y cuyo encendimiento
nadie observa.
Realidades incompletas, y no las
quiero; la que tiene corazón, no tiene cara; las que tienen cara,
no tienen cerebro; las que tienen cerebro, no tienen la armonía
que constituye la belleza estesiología; las que no han querido, no
han sido queridas, y las que empezaron a serlo, se quedaron en el
principio, y allí yacen, en la penumbra de las cosas no acabadas.
¿Afectos de familia.. .? Si alguien ha amado en el mundo a su
familia, ése soy yo. Y sin embargo, he sido el tormento de los
míos. ¿Vida de relación? No he dejado de querer a los que quise un
DIA y he querido a todos los hombres que se me han aproximado en
mi camino. Y sin embargo, yo no tengo un amigo, un solo amigo.
¿Movimiento intelectual? Desde la imaginación que brotó sin
cultivo, que antes de mis crisis morales armonizaba tan
íntimamente con aquellas precoces facultades que eran el respeto
de cuantos me rodeaban y la desgracia de mi adolescencia, hasta el
juicio temprano que tan inquebrantablemente vigorizo mas tarde la
experiencia dura, cuanto he sentido en mí he tratado ganosamente
de conocerlo y dirigirlo. Y prueba de mi afán, explicación
también de mis fracasos, la ninguna aplicación sistemática al
estudio del pensamiento de los otros. Con esfuerzos menos
constantes, mi ignorancia hubiera sido vergonzosa: no lo es. Unas
veces por intuición, otras veces por asimilación, los conceptos
primarios de las ciencias me son inmediatamente familiares, y es
casi seguro que si yo me dedicara a construir por mi mismo el
pensamiento humano, sus evoluciones, sus extravíos, la historia
entera, llegaría a obtenerlo. Cuando era muchacho, nada chocaba
tanto a mi razón ardiente como los éxtasis de los otros ante la
feliz encadenación de premisas y de consecuencias. Me parecía tan
fácil que, cuando yo me ponía a pensar, me asombraba de .que los
otros encontraran tan penoso el movimiento de aquel mecanismo tan
sencillo. Me mandaban a la escuela, y en vez de echar de menos los
juegos cotidianos, me preocupaba hondamente lo que pensarían de
mí; la dignidad .temprana: en la escuela, me absorbía en la
contemplación del hormiguero que aun veo bajo la mesa de pino a
cuyo lado me sentaba; la obser vación naciente: la primera vez
que oí música, me produjo un efecto tan pro fundo, que me la
aprendí de memoria y estuve dos días seguidos recordándola del
modo más extraño; me tendía en el pavimento de la sala, me ponía a
girar, casi me desvanecía, y entonces los sonidos de la música, la
voz de la comparsa
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de máscaras de quien la había
recogido, me herían en lo más íntimo del alma, y me revelaban la
tristeza de la alegría: era el sentimiento que se formaba. Cuando
me llevaron al colegio, mi maestro de gramática, Roqué, se
maravillaba de mis adelantos, sin saber en que consistían;
consistían en la facultad de deducir que se aumentaba. Cuando no
iba a la escuela, esquivaba la compañía de mis hermanos, y cuando
el sol, alas diez de la mañana, progresaba en intensi. dad, yo me
sentaba en uno de los rincones del balcón, y cuando mi santa madre
me buscaba, me hallaba contemplando faz a faz el sol y mirando a
lo lejos el centelleo del mar; fantasía que tomaba nociones del
universo. La primera vez que oí hablar de filosofa, concebí el
propósito de coordinar las escuelas opuestas. Después, una vida
más completa, es decir, una más sucesiva exteriorización de mis
facultades, la falta de método en mis estudios, la soledad de mi
educación propia, el tanteo continuo en que he vivido, el sondeo
de conciencia a que con. tinuamente me he consagrado, han
completado mis fuerzas, pero en vez de hacerlo, armonizando
facultades discordantes, impulsos excesivos, predominio de
facultades peligroso, lo hice, dejando intactas fuerzas demasiado
impulsivas, coordinándolas forzosamente con facultades mas
moderadas.
Entonces, con el cultivo al acaso
de la inteligencia, coincidió la revelación de la voluntad y su
cultivo; Tal vez sea yo el hombre que más suya pueda considerar
su voluntad. Yo la tenia tremenda; pero el abandono de mi
infancia, igual en cuanto a la dirección del alma que se forma, al
abandono desasí todos los niños, extravió aquella fuerza. Lo que
contra ella se hizo por apoderado, profesores y amigos, en Bilbao,
contribuyó poderosamente a debilitarla: el abandono a mí mismo,
el uso imprudente que hice de mi libertad, el ocio, la privación
absoluta de obligaciones, la anularon. Entonces era cuando,
observando los vicios de la voluntad, creía y decía que la
voluntad es necesaria y originalmente perversa. Los deberes de
familia, que traje con mama, Eladia y Carlos, la lucha que me
impusiera, la muerte de mis esperanzas de familia, el vigor que
puse en convertir en sacrificio aquel Semi-amor a Matilde, los
dolores que cayeron sobre mi, la ruina que recompensaba en
Mayagüez, el martirio de Madrid y el espectáculo de la indignidad,
la injusticia y la tiranía en mi pobre Puerto Rico, produjo una
fuerza de conciencia demasiado exigente para consentir la libre
acción de la voluntad; y caí en la pasividad, medio estoica y
medio estúpida, que durante algún tiempo me inmovilizó; pero
entonces, y al paso que la crisis se verificaba, mi imaginación y
mi sentimiento, guiados por la razón y la conciencia produjeron mi
Peregrinación. El silencio de todos, la conjuración
manifiesta de amigos y de escritores contra el nombre nuevo, me
produjeron una de las luchas más graves porque he pasado y de la
cual no me he curado todavía. Trastornados mis planes de una
gloria fácil, que, de par en par, me abriera la república de las
letras, observando por primera vez la diferencia que hay entre la
concepción y la realidad, vi con asombro, con maravilla, con
espanto el mundo de la realidad, que yo no conocía, y eché de
menos la voluntad, y me propuse crearla, y la creé, y al aforismo
de la primera observación, opuse éstos: "La voluntad es medio
hombre. Elige entre la voluntad y una pistola. Si quieres ser
hombre completo, pon todas las fuerzas de tu alma en todos los
actos de la vida." Habiendo como ya hay en el último aforismo, una
concepción
total de la vida y
los deberes individuales que impone, se ve que salí bastante
adelantado de la crisis; tal vez demasiado, porque si antes había
prescindido de la voluntad, en adelante no podría emplearla sino
mediante concurso de razón y de conciencia. Y ¡quién se mueve con
tan abrumadores compañeros! Verdad es que me ha revivido, verdad es
que a ese momento debo el concepto de valor orgánico, la
tranquilidad con que he arrostrado y podré dominar los
temores del peligro; pero no sé moverme a tiempo, tengo una profunda
timidez para el movimiento y nunca, nunca realizo lo que pienso, y
siempre, casi siempre realizan los otros lo mismo que yo no
me atreví a realizar. La venida a Nueva York, la resolución de
combatir con todas armas la injusticia que paraliza alas Antillas,
aquí están convertidas en una vacilación constante, en una perpetua
maduración de lo que nunca hago. Verdad es también que la fuerza de
mi voluntad consiste en el vencimiento de la fuerza de inercia;
pero ¿qué valen esos triunfos oscuros de mí sobre mí mismo, si no
dan al mundo otra realidad que la de mi espíritu, acaso poderoso,
que no he sabido tener poder para hacer nada? Este es probablemente
el hombre que yo soy; superpóngasele ahora el que los demás
hacen de mí, y el resultado es claro; un hombre inútil, inutilizado,
inutilizable.
Así,
luchando a un tiempo con las aspiraciones del
sentimiento, con la energía
de la razón, con la fuerza categórica de la conciencia, con la
voluntad, poderosa para el bien, inmóvil para los medios, he llegado
a los treinta y un años de mi vida. Llegar a ellos y no morir de
vergüenza por el vado de una vida que creí tan llena, es tal vez un
elogio. No descansaré en él, ni siquiera un momen. to, porque
siempre sigue royéndome el descontento de mí mismo, siempre
abrumándome el problema de mi vida: cómo dar realidad a esta vida
interior tan saludable.
Si yo siguiera
creyendo, aunque no lo dudo, que las crisis morales se resuelven por
crisis orgánicas, estaría contento. Desde anoche siento un malestar,
que agrava por momentos y estoy sintiendo venir la calentura. el
corazón sigue doliéndome; en razón, castigándome.
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