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EUGENIO MARIA DE
HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK- DIARY ENTRIES
Nueva York, junio 20 de 1874
Antiguo amigo: Hace
mas de un ano que, si recuerdo bien, Ie escribí cuatro palabras
para incluirle un voluminoso paquete que me entregó en Valparaíso
el señor Arlegui, importante caballero chileno que en su calidad
de Gran Maestro de las Logias chilenas se había hecho cargo de
ciertos documentos referentes a nuestro malogrado Segundo. Ignoro
si usted los recibió, porque ni el señor Arlegui ni yo tuvimos
contestación. Puede ser importante para usted lo que aquel digno
caballero Ie comunicara entonces O tuviera todavía que
comunicarle, y sí lo prevengo para que se dirija a el.
Pronto vera usted que
así como en plena España reconocí públicamente los servicios de
Segundo a nuestra idea, así los reconozco ahi y así los he hecho
notorios en mi propaganda por Chile, tierra donde reposan sus
restos.
Es tanto mas
importante este recuerdo, cuanto que fundo en el el derecho que me
atribuyo para hablar con usted de lo que fue objeto de vida y
causa de muerte en nuestro primer mártir.
Segundo y Mariano!.
O, como Lacroix, Brougman, Bauren, Davila, serán siempre estímulos
eficaces& para los buenos: ¿cómo no han de serlo para los que, con
solo pres tar oído alas palpitaciones de su corazón, oyen en el el
movimiento de la misma sangre que animaba a dos de nuestros
mártires?
¡mengua para sus
compatriotas si los olvidaran! Remordimiento para usted si se
negaran a [destruido aquí el original]. Yo se que no se niegan.
Recientemente recibí en Saint Thomas los números de La Razón
que se habían servido mandarme y que habían depositado allí;
he visto con viva complacencia que usted tiene las mismas
generosas disposiciones que inmortalizaran en nuestra patria a sus
hermanos.
Ellos hubieran
empuñado ya las armas libertadoras. Yo vengo a decir a usted algo
de lo que importa para que las empuñemos.
No he puesto el pie
en ning1in suelo americano que no me hayan contestado cuando, en
mi propaganda en favor de Cuba he ingerido a Puerto Rico: ",Y
dónde esta eso, que ni suena, ni vive, ni combate?" No he
maldecido atrocidades de los españoles en Cuba que no me haya
valido esta pregunta: ",Y por que Puerto Rico no auxilia a su
hermana?" No veo aquí a ningún cubano que no diga indignado: ",Y
cuando, cuando acabara de ser español Puerto Rico?" No consulto
una vez a mí conciencia, que al juzgar la conducta de los
puertorriqueños no me queme de vergüenza el rostro.
,Soy yo el único que
digo y siento eso, que puedo y debo sufrir el bochorno que yo
tengo el derecho de no sentir, porque yo he hecho cuanto puede un
hombre, y mas de lo que en general quieren los hombres, para
levantar tranquilamente la cabeza?
No, no soy el
único. No hay un solo puertorriqueño que no sienta vergüenza de su
estado, que no quiera salir de el a toda costa.
Y ,por que no
salimos?
La diré sin
rodeos: porque todos hemos errado; los unos por exceso de
abnegación; los otros por exceso de egoísmo.
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Hoy no puede haber quien [destruido] su error y no quiera
[destruido] necesario saber como.
[Destruido] hubiera oído, no tendríamos hoy que [destruido] a
empezar Pero es necesario hacerlo, y no tenemos tiempo que perder'
en discutir el pasado irremediable.
Con
las fuerzas que hay en estado latente en nuestra patria, se puede
hacer todo. Dennos ustedes organización de esas fuerzas y nosotros
les damos el primer impulso. .
Intentemos lo primero. Patriotas y masones hay en toda la Isla;
que se reúnan y comprometan para tratar del bien de su país; que
los ruinan y los comprometan los que tengan influencia para
hacerlo.
Que
se reúnan para leer nuestras hojas periódicas, para entonarse en
el espíritu de la revolución y enardecerse. Que se comprometan a
jurar la patria, a procurarle por erogaciones prontas lo que
necesite para armarse y batallar. Se puede dar por constituido un
comité en Saint Thomas. Castro, Blanco y González quedaran
autorizados para constituirlo. Basora y yo seguiremos, por ahora,
trabajando aquí. Yo me comprometo a todo con tal que el país se
comprometa a responder a un llamamiento armado. Betances estará
pronto, quizá, cerca de nosotros. Si no aquí, adonde no creo que
venga, en Santo Domingo. Estamos
de
acuerdo para hacerlo todo; pero ni Basora, ni el, ni yo, estamos
resueltos a seguir haciendo sacrificios inútiles. Ellos harán lo
que quieran. Yo, si ustedes me desahucian, me iré a Cuba.
Para que no se dispersen las fuerzas que hoy mas que nunca es
necesario encentrar en una acción común, importa que ustedes
organicen comités locales, centros rurales [destruido],
revolucionarios que sepan a donde [destruido] han de llegar. Una
vez establecidos [destruido] necesario que se liguen entre si.
Antes y después de ligarse, es necesario que se coticen, porque el
que da de su peculio se obliga por lo que da cuando no se obligue
por si mismo. EL dinero, en peque fías O en grandes cantidades,
debe ir a Castro, Blanco y González. Con ellos deben entenderse
para noticiar la formaci on de juntas, la disposición de los
hombres de esta O la otra jurisdicción y para mantener y organizar
comunicaciones seguras. A mi y a Basora nos deben dar noticias
continuas de cuanto hagan, piensen O deseen, ya por medio de Saint
Thomas, ya aprovechando todos los buques directos para acá. Yo
necesito saber y Ie ruego que me de su opinión sobre estos puntos:
Fuerza y espíritu de los españoles; fuerza y espíritu de los
patriotas; opi. niones que sobre la revolución circulen en el
país; que recibimiento se haría a una expedición armada; que
hombres en el campo y en el pueblo, que clérigos, que hacendados,
que jíbaros influyentes se muestran mas dispuestos a secundar una
tentativa libertadora.
Betances me escribe que tiene armas y se muestra tan dispuesto
como siempre, aunque un poco descontento de toáoslos de Saint
Thomas me dicen que se puede reunir el dinero necesario. ¿Que
falta, mas que organizar ahí los elementos personales y los
pecuniarios y organizar aquí y en Europa los elementos militares?
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Ea,
mi antiguo amigo, siga siendo digno de los dos queridos mártires y
no desconsuele con negativas O evasivas a su muy afecto antiguo
amigo.
Eugenio M. de Hostos
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