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EUGENIO MARIA DE
HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK- DIARY ENTRIES
Nueva York, 11 de julio de 1874
A
juzgar por las noticias españolas, Puerto Rico es el paraíso
reconquistado. ¿Que reposo, que conformidad, que paciencia,
que paz, que lealtad en la isla mansa! Ni un solo conspirador, ni
un solo separatista, ni siquiera un reformista. Ni un grito, ni
una sola aspiración, ni un solo disturbio en el sepulcro. Todo
duerme en silencio. El portentoso Sanz, en su Fortaleza; los
cañones ociosos, en sus castillos; los españoles, en sus
pulperías; los marqueses improvisados, en sus títulos; España, en
su confianza.
Jamás tuvieron los charlatanes cera mejor para modelar el ideal de
una colonia a la española. Llegaron los grandes hombres del 68, e
hicieron de Puerto Rico una provincia sin derechos provinciales.
Llegaron los grandes hombres de la .gran monarquía democrática, e
hicieron de Puerto Rico una democracia sin derechos individuales.
Llegaron los grandísimos de la republica, e hicieron de Puerto
Rico un estado, O cantón, u organismo u órgano, dándole todo menos
la republica. Era necesario probar que la magnánima España estaba
dispuesta, como siempre, a hacer la felicidad política, económica,
social, intelectual, moral, eterna, perdurable, trasladable,
trashumante de la tierra al cielo, de aquella queridísima y
fidelísima parte integrante de la nación que un día, y
conservadores de la revolución de septiembre, radicales de la
monarquía saboyana, saboyanos de la republica sofistica, todos los
portentosos políticos de España hicieron de la cera puertorriqueña
el muñeco elástico que a mas formas se ha prestado y que con
resignación mas evangélica ha sufrido trans formaciones mas
extrañas.
Un soldado a quien se Ie ocurrió salvar la
sociedad española dio el golpe de estado redentor, y de la noche a
la mañana dejó Puerto Rico de ser cantón feliz de una republica
enfermiza para ser un rebano de corderos apacentado ad
libitum por el prodigioso
general que idolatran los conservadores de si mismos
en la
Isla.
Cómo se pasa tan mansamente de la farsa republicana a la
tragicomedia conservadora, nosotros lo ignoramos; pero el hecho es
que se pasa. Y se pasa con una naturalidad, con una sencillez, con
una comodidad tan absurdas as, que no puede darse cosa mas
española que la docilidad de Puerto Rico y la temeridad ultrajante
de sus esclavizadores.
I
Que hombres los unos y los otros, vive Dios! Los unos se dejan
arrebatar lo que no debieron aceptar sino para romper de una vez
con sus burl adores y los otros arrebatan lo poco que piadosamente
concedieron, como si estuvieran absolutamente seguros de que sólo
siendo absurdos pueden ser dominadores.
La
historia colonial de España y la historia de las colonias
españolas empezaba a ser monótona. Siempre la brutalidad de la
fuerza, siempre la autoridad
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brutal, siempre la ignorancia, siempre la lucha latente, siempre
la rebelión, siempre la emancipación para acabar.
Gracias a los adelantos modernos, España y Puerto Rico han
conseguido dar algo nuevo a la historia ansiosa y a la posteridad
novelera.
Ya
no bastaba el régimen antiguo de la arbitrariedad sin condiciones,
y se ha inventado el régimen nuevo de la arbitrariedad
despreciativa. Los unos la imponen, los otros la soportan, y unos
y otros parecen igualmente inocentes de su obra.
Óigase a los españoles de Puerto Rico, y se sabrá que esa sublime
gente cree que no hay cosa mas natural que aplaudir el cambio que
los condena irremisiblemente. Véase a los puertorriqueños, y se
admirara el candor antediluviano con que dejan el camino de la
ruidosa libertad de los charlatanes para tomar el de la emigración
O del destierro. ¿Hay quien, entre burl adores y burlados, se haya
ocupado de examinar lo que ese increíble estado de cosas
significa?
A
juzgar por las apariencias, parece que no: españoles y criollos
creen que todo no pasa de un simple cambio; y como todo es cambio
y transformación, los españoles a quienes conviene la
transformación operada, cantan su ultima victoria, y los
puertorriqueños que maldicen el cambio, se acomodan benignamente a
la derrota.
España ha vuelto a engañar a Puerto Rico; pero Ie ha mandado al
general Sanz, hombre piadoso, que no ha ido a hacer derramar
lagrimas, sino a enjugar las que derramaba el sentido común al ver
a los puertorriqueños tan contentos con la farsa republicana.
El
enjugador de lagrimas ha reducido al silencio a todos los que
hablaban; ha disuelto todas las corporaciones que las leyes habían
creado; ha echado por tierra el titulo de la Constitución que
sobro para los pordioseros de libertad mendigada; ha restablecido
la esclavitud que una infame ley falaz dejo pendiente de un simple
reglamento; ha hecho por si y ante si una absurda ley de vagos que
solo a los riquísimos salva de sus garras; ha vuelto a su antiguo
vigor
el
bárbaro sistema de libretas que hace esclavo el trabajo de los
jornaleros libres; ha creado una inquisición y una capitación con
la rigorosa exigencia de la cedula; ha reducido a prisión a
cuantos trabajadores no tenían un peso fuerte para comprar una
cedula; a los innumerables presos de ambos sexos que hormiguean en
las cárceles, los ha obligado a trabajos que privan de los
necesarios a la arruinada agricultura; el régimen del palo
rige en las espaldas de los detenidos; mueren del trato cruel
muchos de los presos; el espionaje es tenebroso señor de la Isla
entera; la Guardia Civil es cada vez mas insolente y mas brutal;
la miseria es cada vez mas alarmante; la emigración de los
puertorriqueños, cada vez mas numerosa. Pero como los pocos
españoles de la isla están contentos y ellos llamaron a Sanz, y
este ha prometido lo que no sabe ni puede dar, los pocos insultan
a los muchos, los muchos devoran el insulto de los pocos, y la
infortunada isla de Puerto Rico, que ha servido para todos los
ensayos de comedias, empieza ahora a purgar la afición que
demostraba a los sainetistas españoles.
Si
tardara poco O mucho en expiar su incomprensible credulidad, no lo
sabemos; pero que de ella saldrán arrepentidos los que crean
posible burlar indefinidamente la dignidad de un pueblo, bien
pueden atreverse a esperarlo
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los que mas sepan que las venganzas mas
ejecutivas son aquellas que mas se han aplazado.
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