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This digitization project was funded by a grant from the National Endowment for the Humanities

 

 

EUGENIO MARIA DE HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK- INTERVIEWS WITH THE AMERICAN PRESS

 

 

La política de expansión territorial

 

 

En las actuales circunstancias, dadas las relaciones de los Estados Unidos con Puerto Rico, las opiniones de los nativos representativos de la Isla son sin duda interesantes y valiosas. Probablemente ningún puertorriqueño en este país (según la opinión de los aquí residentes), esta mas llamado a hablar-por su educación, carrera y eminencia- que el Sr. Eugenio M. de Hostos.

En su incondicional fidelidad a sus principios políticos, aparentemente condenados a finalizar en la derrota, su vida es

mirada por sus amigos como la mas patética, conmovedora y distinguida. El es uno de los pocos puertorriqueños que, durante una larga vida, ha predicado a tiempo y fuera de tiempo la doctrina de la emancipación del Gobierno de España; que ha sido irreconciliable hasta el extremo que su actitud Ie haya puesto a la cabeza de todos los ejemplos de insubordinación, rehusando someterse ala autoridad de España, abandonando su residencia en la Isla (que ellos, los puertorriqueños, aman apasionadamente), y pasando un largo destierro, que hubiera sido una necesidad impuesta.

Hijo de Mayagüez (la ciudad últimamente ocupada por nuestras tropas) fue el Sr. Hostos educado en Europa, yen su mocedad empezó a ser [el] revolucionario sobre quien se fijaron los ojos de España, que lo espiaban sin cesar. El malogrado levantamiento de 1868 lo lanzo a destierro del que todavía no ha vuelto a su patria. Antes y después de este suceso permaneció mucho tiempo en Paris, donde se Ie unieron los españoles prominentes, que, desafectos ala monarquía, residían allí. Entre ellos estaba Sagasta con quien el señor Hostos intima personalmente; (de paso haremos notar que el señor Hostos tiene notable parecido con el Primer Ministro de la Reina Regente; tan notable como lo permiten juzgar los retratos del hombre de Estado liberal. Algunos dicen que las dos figuras tienen el mismo


 

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tipo, y que los dos tipos son genuinamente españoles). No obstante sus casi diarias entrevistas y cordial amistad, los dos hombres de Estado tenían ideales y aspiraciones políticas radicalmente opuestas. El sueno del señor Hostos era el establecimiento de una republica en la madre patria; republica cuyas amplias libertades se extendieran por igual a todas las colonias. Conseguido esto, la emancipación O independencia de Puerto Rico era su deseo. La aspiración del señor Sagasta no cambiaba de sistema mas que en la sustitución de un monarca por otro. El tenia lo que llamaron tendencias liberales, que fueron mas teóricas que practicas; y en su proyecto, si alguna vez pensó en ello, no se comprendía el alivio sustancial de las colonias, pues su preocupación constante era quien ocuparía el trono español, y cual seria su posición respecto del que lo ocupara. Así, a pesar de su amistad personal, siguieron diferentes caminos en política.

Para el señor Sagasta, con mejores oportunidades, vino al fin una era de gran éxito individual; para el señor Hostos fueron decretados aburridos anos de esperar la oportunidad que nunca llego y que, según las apariencias, nunca hubiera llegado. Su fe en la supresión de la tiranía y el triunfo de la libertad en Puerto Rico era discutida acaloradamente, pero el permaneció fiel a ella y a su oposición a la soberanía de España. Por fin el ve su Isla emancipada del yugo español, pero al mismo tiempo ve como algo desvanecido definitivamente la visión que ha tenido de un futuro independiente para Puerto Rico. Sin embargo, el es, y siempre ha sido ardiente admirador del pueblo y las instituciones americanas, y acepta los acontecimientos actuales, como se acepta un hecho consumado. Un hombre que como el señor Hostos ha amado su patria ardientemente y por tantos anos, y cuyos supremos sacrificios y devoción a su ideal son indiscutibles, según opinión de sus mas distinguidos compatriotas, tiene derecho a hablar de su patria y a ser atendido. A un representante del Evening Post dijo el señor Hostos: "Acabo de leer en su periódico algunas declaraciones atribuidas al ex-secretario Sherman, con las cuales estoy en perfecto acuerdo. El levanta su voz contra la expansión colonial, contra la política impuesta por los Estados Unidos. ¡Cuan recto el proceder de mister Sherman!

 


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¡Ah! ¡esa política de expansión e imposición es un tremendo error, un triste precedente! Nadie ha reverenciado mas que yo a los Estados Unidos por su alta misión en el mundo; nadie ha acariciado mas fervientemente la esperanza de que el gran país será fiel a esa misión poniendola siempre en practica, y llenando la tierra con el raro espectáculo de un puro y noble ejemplo.

Siempre había creído que nunca se vería a la republica desviada de la senda que Ie fue trazada por sus sabios padres, para que marchara contra las influencias del pas ado y las imposiciones de la Europa de hoy.

"Yo deseaba ver a los Estados Unidos, siguiendo su camino establecido, dando al mundo ejemplo de paz, moderación, libertad y la seguridad de que están libres de la ambición de tierras y dominación. Yo desearía que América siguiera siempre esa política, para bien de los otros pueblos y que solamente para la preservación de su libertad e integridad O para la extensión de la libertad tomaran ellos las armas; y que al hacerlo no se engrandecieran despojando a otros pueblos. Este ideal por América ha sido rudamente combatido, casi aplastado, pero todavía no quiero abandonarlo, aunque tengo graves presentimientos que no puedo desechar.

"Lo que deseaba para Puerto Rico era que (ya que su propio brazo era tan débil para alcanzar su independencia y este objetivo podía lograrse mediante la ayuda de un noble y poderoso vecino, incapaz de soportar el espectáculo de la tiranía del Viejo Mundo a su misma puerta); ese libertador lo hubiera hecho de otra manera; y habría visto la naciente republica asegurada con un vigoroso principio de vida, y el se hubiera retirado entonces con el amor y gratitud de una nueva nación, sobre quien tendría influencias en todos los asuntos continentales e internacionales.

Esta conclusión, estoy seguro, hubiera sido mejor tanto para Puerto Rico como para los Estados U nidos. Para estos, sin la fatal política impuesta, hubiera sido mucho menor la perdida de la adhesión alas tradiciones del pasado. Para la Isla, habría sido men or el desenvolvimiento acorde con el genio de su pueblo, a quien no costaría a cada paso las dificultades ocasionadas por la diferencia de raza, temperamento, idioma y educación.


 

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"La población de Puerto Rico ignora totalmente el sistema federal de este gobierno; y hasta los que creen conocerlo están errados. Será para ellos una dificultad comprenderlo, y adaptar­lo será todavía aun mas difícil.

"Un obstáculo, muy serio, en mi concepto ocasionara la introducción al pueblo de un idioma extraño como idioma oficial de la Isla. Esto será como tender una línea divisoria entre las razas, y crear una clase oficial enteramente distinta al resto de los habitantes. La perdida de la lengua española seria motivo de disgusto, pues, por mas que sea española, es querida por todos los que la hablan. Perturbaciones en los negocios y por en de en las relaciones con el Gobierno producirá también esta diferencia de idioma, y sus tendencias serán mas O menos hacia la irritación y el disgusto.

"No puedo afirmar positivamente si todos mis compatriotas concuerdan conmigo en las opiniones que emito, pero, por las confidencias que muchos me han hecho, puedo asegurar que no son pocos, y me parece que es fácil para ellos todos comprender dónde están sus mejores intereses.

"La Prensa americana habla mucho de los brazos abiertos con que los puertorriqueños han recibido al ejercito del general Miles. Todas esas manifestaciones de gozo (los abrazos de entusiasmo no contenido, las resonantes aclamaciones de bienvenida, las flores, las lagrimas de alegría), fueron incuestionablemente honradas y sinceras. todavía mas (y yo lo afirmo con absoluta convicción), ellos se fundaron para todo eso en una seria equivocación. Los puertorriqueños se imaginaron que el prepasito de los Estados Unidos era, primero, asestar a España un golpe militar; y segundo, aprovechar la oportunidad de poner fin para siempre al desgobierno de España en las Antillas, erigiendo en la Isla un gobierno libre e independiente.

"La política de anexión, la imposición de la soberanía sobre un pueblo, sin su solicitación y hasta sin inquirir sus deseos, no lo supusieron los puertorriqueños ni por un momento, siendo cosas tan opuestas como lo son, a los principios fundamentales de la republica. ¡Que de encontrados sentimientos habrán conmovido a mis compatriotas, al reconocer la verdadera inten­


 

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cion de los Estados Unidos! Pero ¿a que todo esto? La política de los Estados Unidos ha sido declarada al mundo y es, sin duda, inalterable; y, ya establecida, queda a los puertorriqueños considerar el futuro ante la luz fija de la anexión. La infinidad de bien que representa el cambio de España por los americanos anula cualquiera otra conclusión. Pero mientras nuestra suerte este unida a la de los Estados Unidos debemos desear que se nos admita de lleno en todas las participaciones, prerrogativas y privilegios de un estado soberano unido a la Republica. Aspiramos, tan pronto como sea posible, a nuestra entrada en la Unión, para ser en ella un elemento. La continuación de un gobierno militar será particularmente antipática a los puertorriqueños, pues les recordara el que les daba el Gobierno español. Un gobierno territorial será visto como muy necesario, pero los tendrá impacientes por que termine. Si habremos de ser americanos, no deben reprocharnos que entonces estemos ansiosos de convertirnos ya, como americanos, en mas Americanos que ellos. Al presente no contamos con los mejores medios para esa transformación, pero la inmediata conversión, será quizá, para nosotros, el mejor medio educativo".

 

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