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This digitization project was funded by a grant from the National Endowment for the Humanities

 

 

EUGENIO MARIA DE HOSTOS’S TEXTS WRITTEN in NEW YORK- SPEECHES

 

X. A LOS PUERTORRIQUEÑOS

 

 

Compatriotas: La Liga de Patriotas, en cuyo nombre os hablo, se ha constituido con dos fines: uno, inmediato, que es el poner a nuestra madre Isla en condiciones de derecho; otro, mediato, que es el poner en actividad los medios que se necesitan para educar a un pueblo en la práctica de las libertades que han de servir a su vida, privada y publica, industrial y colectiva, económica y política, moral y material.

Poner a Puerto Rico en condiciones de derecho, cuando aparentemente no ha sucedido otra cosa que un cambio del gobierno de hecho que ejercía España por el gobierno de hecho que ejerce la Unión Americana, parece difícil.

No lo es: la Constitución de los Estados Unidos, las tradiciones, las costumbres, el solidó cementa de justicia, equidad y libertad que sirven de base a esa potentísima Federación americana, todo nos da el uso del derecho general de abogar por la justicia y por el bien en nuestro suelo, y nos provee de cuantos derechos concretos sirven de recurso efectivo en la vida de esta sociedad.

Poner a Puerto Rico en condiciones de educarse a si mismo y por si mismo en las funciones de la vida sana y digna, tarea es de todo el porvenir, que el porvenir dirá si hemos sido por voluntad capaces de llevar a cima, como por entendimiento somos capaces de haberla concebido.

Para salir de esta situación de hecho y entrar en una de derecho, la vía es obvia: los hijos de la patria la seguiremos necesariamente, porque también es única: es la vía del derecho constituido en ley.

Para salir del pasado ibérico y entrar en el porvenir americano, única también es la vía: no hay mas que un camino para sanar, y es el curarse; para ser digno, no mas camino que el derecho cumplido.

Los recursos que el derecho escrito nos da para salir del gobierno militar y entrar en el civil; para pedir al Congreso de los Estados Unidos que reconozca nuestra capacidad de ser un estado de la Unión O que nos ponga en aptitud de servir gloriosamente al porvenir de América, sin necesidad de someternos servilmente a las consecuencias brutales de una guerra que nosotros no hemos hecho ni se hizo contra nosotros, son recursos tan poderosos cuanto en la urdimbre de la federación son poderosas la iniciativa de cada cual para su propio bien, y la de todos para el bien común.

Los medios que esa fuerza de iniciativa pone al alcance de las sociedades representadas por un Estado jurídico son omnímodas; inducen a la organización del trabajo, del gobierno, de la educación común, de las creencias privadas, de la fuerza publica, y puestos han sido ya en nuestras manos por el nuevo orden que debemos aprender a utilizar.

Ejerciendo nuestro derecho natural de hombres, que no podemos ser tratados como cosas; ejerciendo nuestros derechos de ciudadanos accidentales de la Unión Americana, que no pueden ser compelidos contra su voluntad a ser

 


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O no ser lo que no quieren ser O lo que aspiran a ser, iremos al plebiscito. En los Estados Unidos no hay autoridad, ni fuerza, ni poder, ni voluntad que sea capaz de imponer a un pueblo la vergüenza de una anexión llevada a cabo por la violencia de las armas, ni que urda contra la civilización mas completa que hay actualmente entre los hombres, la ignominia de emplear la conquista para domeñar las almas.

Ejerciendo las actividades que en general constituyen la civilización, porque son la suma de las actividades de la vida humana, la sociedad puertorriqueña se pondrá en aptitud de probar la eficacia de la libertad en la educación de los pueblos.

Buscar el plebiscito para ser O no ser ciudadanos americanos, y para seguir siendo O dejar de ser ciudadanos de nuestra patria geográfica e histórica; buscar y seguir el ejemplo del pueblo americano, para dejar de ser representantes del pasado y ser hombres de nuestro tiempo y sociedad del porvenir, esos son los deberes de nuestra historia en este instante. Para cumplirlos se ha fundado la Liga; para tratar de hacerlos efectivos, vuelvo yo a mi patria.

 

Nueva York. septiembre 10 de 1898

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