X. A LOS PUERTORRIQUEÑOS
Compatriotas: La Liga de Patriotas, en cuyo nombre os hablo, se ha
constituido con dos fines: uno, inmediato, que es el poner a
nuestra madre Isla en condiciones de derecho; otro, mediato, que
es el poner en actividad los medios que se necesitan para educar a
un pueblo en la práctica de las libertades que han de servir a su
vida, privada y publica, industrial y colectiva, económica y
política, moral y material.
Poner a Puerto Rico en condiciones de derecho, cuando
aparentemente no ha sucedido otra cosa que un cambio del gobierno
de hecho que ejercía España por el gobierno de hecho que ejerce la
Unión Americana, parece difícil.
No
lo es: la Constitución de los Estados Unidos, las tradiciones, las
costumbres, el solidó cementa de justicia, equidad y libertad que
sirven de base a esa potentísima Federación americana, todo nos da
el uso del derecho general de abogar por la justicia y por el bien
en nuestro suelo, y nos provee de cuantos derechos concretos
sirven de recurso efectivo en la vida de esta sociedad.
Poner a Puerto Rico en condiciones de educarse a si mismo y por si
mismo en las funciones de la vida sana y digna, tarea es de todo
el porvenir, que el porvenir dirá si hemos sido por voluntad
capaces de llevar a cima, como por entendimiento somos capaces de
haberla concebido.
Para salir de esta situación de hecho y entrar en una de derecho,
la vía es obvia: los hijos de la patria la seguiremos
necesariamente, porque también es única: es la vía del derecho
constituido en ley.
Para salir del pasado ibérico y entrar en el porvenir americano,
única también es la vía: no hay mas que un camino para sanar, y es
el curarse; para ser digno, no mas camino que el derecho cumplido.
Los
recursos que el derecho escrito nos da para salir del gobierno
militar y entrar en el civil; para pedir al Congreso de los
Estados Unidos que reconozca nuestra capacidad de ser un estado de
la Unión O que nos ponga en aptitud de servir gloriosamente al
porvenir de América, sin necesidad de someternos servilmente a las
consecuencias brutales de una guerra que nosotros no hemos hecho
ni se hizo contra nosotros, son recursos tan poderosos cuanto en
la urdimbre de la federación son poderosas la iniciativa de cada
cual para su propio bien, y la de todos para el bien común.
Los
medios que esa fuerza de iniciativa pone al alcance de las
sociedades representadas por un Estado jurídico son omnímodas;
inducen a la organización del trabajo, del gobierno, de la
educación común, de las creencias privadas, de la fuerza publica,
y puestos han sido ya en nuestras manos por el nuevo orden que
debemos aprender a utilizar.
Ejerciendo nuestro derecho natural de hombres, que no podemos ser
tratados como cosas; ejerciendo nuestros derechos de ciudadanos
accidentales de la Unión Americana, que no pueden ser compelidos
contra su voluntad a ser