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EL CORREO DE NUEVA
YORK
Sábado, Febrero 27 de 1875.
Las cosas de Hostos
Publicamos en
nuestras columnas la carta que el Sr. Eugenio María de Hostos nos dirige
calificando en los mas severos términos el juicio que respecto al
meeting de Masonic Hall hubimos de pueblicar en nuestro último número.
No entraremos en
materi respecto á las hostiles expresiones que nos dirige el Sr.
Hostos. Creemos que está poseido de verdaderos deseos de que se
obtenga la independencia de las Antillas; creemos que es un hombre
de honrados sentimientos republicanos, y cuando esto creemos ha de
sernos forzosamente penoso fomentar con él discusiones que nos
separen del objeto principal al que convergen directamente nuestros
sentimientos y los suyos.
Pero en lo
referente á lo que aconteció en el meeting, ninguna consideracion
personal podia inducirnos á dejar de expresar lo que en conciencia
creemos que allí sucedió. El Sr. Hostos niega que haya lanzado
contra los cubanos improperios terribles, y en esto existe una
completa divergencia de opiniones entre nosotros. El Sr. Hostos
apostrofó á la concurrencia, el Sr. Hostos dijo que maldita fuera la
hora en que creyó reunirse á hombres, cuando no encontraba sino
muñecos; el Sr. Hostos repitió estas y otras expresiones
numerosisimas veces, repitió igualmente interjeciones tremebundas; y
nervioso, palpitante, frenético, verdaderamente epiéptico, no cesó
de proferir denuestos hasta que su voz, naturalmente simpática, fue
perdiendo todos los sones humanos y se secó en su exhausta garganta.
Esto fue lo que
vimos y oimos; y sin embargo, ni la concurrencia ni el que supone el
Sr. Hostos fué el articulista del Correo se sintieron ofendidos por
el, sino antes bien lo aplaudieron y Ie trataron con carino. Esos
hombres a quienes el Sr. Hostos n tenia en realidad el deseo de
insultarlos; tomaban sus ofensas como se toman los calificativos que
suelen permitirse padres de familia ó allegados y que en realidad no
significan enemistad, sino suelen ser pruebas de interes respecto a
los mismos maltratados. Hay veces que en momentos de delirante
incomodidad, un padre y un hermano profieren contra uno expresiones
tremendas, y esas expresiones no producen el efecto que ocasionarian
si fuesen vertidas por un enemigo 6 un extrano. El Sr. Hostos no es
un enemigo ni un extrano de los cubanos es un amigo suyo leal y
sincere; es un hombre cuyos sentimientos de adhesion a la causa
cubana Ie han hecho apreciar y querer de todos los hijos de Cuba que
Ie conocen. En momentos de una escitacion causada por el empeno de
unos cuantos concurrentes en impedir al Sr. de Annas Cespedes la
palabra, fue llamado a la tribuna el Sr. Hostos, y al desatarse en
como palabra de verdad la mia; á la verdad es á quien llaman cuando
me llaman d hablar; á ella es quien aplauden cuando yo tengo que
protestar contra aplausos que no busco, que no pido, que no quiero,
que rechazo. A la verdad, no á mí llamaron en el meeting del 14,
cuando el señor articulista de EL CORREO habia escitado pasiones que
no son dignas de la patria. Y como llamaban á la verdad, la verdad
les respondió por mis labios, y á ella fue quien acojieron con
varonil entusiasmo los patriotas, y ella fué y solo ella la que
restableció la concordia en la reunion.
Personas ó quienes
yo no conocia, se dignaron venir á saludarme: antiguos amigos que no
me habian visto desde mi regreso vinieron á abrazarme: son los pocos
abrazos con que se han premiado los inútiles esfuerzos que he hecho
por Cuba en todas partes: el mismo Señor articulísta del "Correo" se
me habia aproximado á darme testimonies de estimacion; y aun cuando
yo habia dicho terminantemente que no queria ser secretario de la
nueva sociedad y que solo por ver á un puertoriqueño presidiendo á
cubanos condescenderia en ser presidente, todas ó casi todas las
papeletas de la votacion me designaban para la secretaria, escepto
las que me designaban para presidente ó para vocal.
Estos son hechos y
estos hechos demuestran que la emigracion cubana me oyó como debe
oirse á quien nunca ha dejado de pensar lo que dice ni de decir lo
que piensa.
Ahora bien:
empleando la sutileza de vista que tuvo para verse triunfante, el
Señor articulísta de el "Correo" ha visto que el Señor Hostos "prorrumpió
en arranques de indignacion contra los cubanos todos, arranques que
á medida que obtenian aplausos fueron degenerando en insultos
terribles contra todos y cada uno de los emigrados".
No contento con su
propio juicio, apela de su inesperado amigo el Sr. M. Rivero, que,
segun el no menos inesperado amigo del Sr. Rivero, "tomóla palabra
en defensa de la emigracion maltratada" por mi.
Lejos de ofenderse
la emigracion, demostró que me entendia; y lejos de acusarme, la
emigracion me dió sus votos para el puesto en que, segun me han
dicho, hacia mas falta un hombre independiente de toda pasion
mezquina y de toda intencion antipatriótica.
A estos hechos, que
presenciaron centenares de cubanos y algunos extrangeros, opone U.
su afirmacion, y sostiene que yo he insultado á todos y cada uno de
los emigrados.
En esa afirmacion
hay dos insultos para U. y para ellos. Un insulto á la
dignidad colectiva é individual de los cubanos Emigrados, que
apludieron, según U., y que, según el acta (si se Ha hecho
escrupulosamente) sostuvieron para la secretaria al mismo Que
los habia insultado.
Otro insulto á la
inteligencia colectiva é individual de la aplauden
los insultos que se Ie dirijen, sino porque la emigracion cubana
tiene suficiente cordura y buen criterio para comprender que el Sr.
Hostos estaba en aquellos instantes bajo el poder de un delirio, en
brazos de una enagenacion, y que no se debian por lo tanto tomar al
pié de la letra sus palabras.
¿Dijo, ó no dijo el
Sr. Hostos todo lo que hemos indicado? Sí lo dijo, y á lo mas que
tenia derecho contrayéndose al juicio emitido por "EL CORREO DE
NUEVA YORK" era á sentir que no se hubiera hecho la explicacion que
ahora hacemos.
Esta explicacion
será suficiente,-así lo esperamos,-para que comprenda el Señor
Hostos, por qué, no obstante sus denuestos, se Ie aplaudió, por qué
no obstante ellos, el Editor del Correo tuvo la deferencia de
rogarle que siguiese remitiendo al periódico algun escrito suyo, y
por qué no obstante los ataques que contiene el que para este numero
nos remite Ie damos publicidad, aunque no satisface nuestros deseos.
Confiamos en que la
próxima vez que el Sr. Hostos haga oir á los cubanos su elocuente
voz, esté poseido de la frescura cerebral necesaria para expresarse
entérminos mas parlamentarios, y de cualquier modo que sea, creemos
que este ligero incidente no turbará en lo sucesivo las buenas
relaciones del excelente patrióta antillano con el CORREO DE NUEVA
YORK. Olvídense los vive Dios y Ios pardiez, recobremos calma, y
adelante.
EL NUEVO HONDO-AMERICA ILUSTRADA
Nueva York, 1 de Mayo de 1876, vol.VII-129 P.135
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