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LA PATRIA
Valparaíso, Octubre 3 de 1872
ECOS DEL DÍA
Estamos viéndolo, y
no lo creemos. Las desavenencias entre Chile y Bolivia están
sirviendo de pasto a una especulación bestial. Como lobos
hambrientos que todo lo sacrifican a su voracidad, unos cuantos
agiotistas juegan hoy con la paz de dos pueblos y negocian con su
inquietud y su zozobra.
A principios de
agosto les sirvió de instrumento la tibieza que con motivo o sin él
supusieron en las relaciones personales del ministro de relaciones
exteriores y el ministro representante de Bolivia: especularon con
la credulidad pública e hicieron un negocio. A fines de agosto,
agotaron todas las formas de patriotismo sentimental y apasionado,
exageraron a sabiendas las consecuencias del rompimiento personal
entre la cancillería chilena y el plenipotenciario boliviano,
deprimieron, maltrataron e insultaron a éste, declararon inevitable
una guerra, y especularon con el pánico del comercio honrado. Más
tarde, supusieron una situación ambigua; presentaron al presidente
de Bolivia en las mejores disposiciones hacia Chile; abusando de la
fe pública al señor Bustillo; en calma perfecta las relaciones que
habían antes presentado a punto de romperse, y negociaron tal vez la
tranquilidad que devolviera al patriotismo, a la industria, al
comercio y al trabajo. Acaso no les conviene esa
tranquilidad, e inventan las formidables noticias que, por medio del
intendente de Atacama, recibió y publicó el ministerio.
Hoy dice el
intendente Echáurren en un despacho telegráfico, y la República en
un editorial, que esas noticias son falsas, porque ningún otro
conducto las autoriza, y ambos, intendente y diario semi-oficial,
atribuyen esas noticias intranquilizadoras a depravados
designios de especuladores.
Según el señor
Echáurren, las cartas familiares del plenipotenciario de Chile en
Bolivia mencionan el más leve hecho que puede autorizar esas
noticias, y antes manifiestas esperanzas halagüeñas: los
comerciantes bolivianos, nada saben; el jefe de la estación naval en
el litoral chileno-boliviano, narra hechos que presentan a los
bolivianos en comunidad de afectos y deseos con los chilenos.
Según el diario
semi-oficial, nada hay que justifique las noticias alarmantes.
Llegan más tarde
las palabras de los diarios de la Paz, y de ellos se deduce que no
atribuyen al rompimiento exclusivamente personal del gobierno de
Chile y del señor Bustillo, el carácter de rompimiento nacional que
no hubiera justificado, pero hubiera hecho comprender los excesos
que el telegrama alarmante suponía.
La publicidad,
coeficiente de la libertad, sirve hoy como ha servido siempre para
desenmarañar las marañas de los pérfidos que juegan con la
credulidad pública, y estamos muy lejos de sentir que se dé
publicidad a noticias falsas o no bien averiguadas; pero sentimos
profundamente y lamentamos con la mayor vivacidad la inmoralidad
grosera, la torpeza inicua, el villano egoísmo y la nefanda codicia
de los menguados que así explotan la legítima suspicacia de dos
pueblos, y, pues que el gobierno debe tener en cuenta ese elemento
corruptor, le recomendamos la impasibilidad que conviene a los que
responden de la paz y la dignidad de una nación, y le amonestamos
para que, suministrando a la publicidad cuantos datos oficiales
puedan oponerse a las noticias interesadas de los especuladores
contribuya con ello a anonadarlos.
De las infamias de
unos cuantos, no puede ser responsable todo un pueblo, y éste tiene
el derecho de exigir a su gobierno que ayude a desenmascarar y a
desarmar a los infames.
LA PATRIA.
VALPARAÍSO, SETIEMBRE 30 DE 1872.
ECOS DEL DÍA.
El Independiente ha
publicado una carta familiar del presidente de Bolivia a su amigo de
Chile, que puede servir de clave a la conducta extraordinaria,
cuando no misteriosa, del que fue plenipotenciario de Bolivia en
Chile.
Según esa nota, el señor Bustillo tenía en su poder la carta de
retiro cuando provocó el conflicto que dio por resultado su salida
del país.
Que una vez
destituido por su gobierno, el representante boliviano había perdido
el derecho de hablar u obrar oficialmente en nombre de su poderdante,
es inútil decirlo. Por qué, usurpando un derecho que había caducado
con la carta de retiro, seguía hablando y obrando en nombre del
gobierno boliviano, sería bueno averiguarlo si tuviéramos para
hacerlo cuantos datos se necesitan para un juicio justo. A falta de
esos datos, y no queriendo aventurarnos en el camino de las
suposiciones, lo único que podemos hacer es lamentar el abuso del
funcionario boliviano, hacerlo constar y señalar en él la existencia
de una intención hostil.
Hostil contra Chile
y contra su propio gobierno debía ser la intención del
plenipotenciario boliviano, puesto que no retrocedía ante su propio
descrédito al seguir, ya destituido, procediendo como representante
de Bolivia. De la falta de respeto cometido ante su gobierno, solo
su gobierno es juez. De la falta cometida al querer concluir su
misión, envolviendo a Chile y Bolivia en un conflicto, es Chile, es
toda América latina juez perfecto, y como americanos y como
periodistas de Chile reprobamos la aviesa conducta del señor
Bustillo.
Abandonado como
está a la torpe debilidad de que ha dado pruebas; vencidos por los
hechos los que, como él dentro y fuera de Bolivia, bolivianos o no
bolivianos, anteponen los intereses personales, de que habla en su
carta el presidente Morales, a los intereses nacionales que ventilan
los gobiernos chileno y boliviano; simplificada por el aborto de la
expedición Quevedo la situación de ambos países, solo queda a uno y
otro el cuidado de definir para siempre esa situación y de convertir
en realidad los excelentes deseos que demuestra el presidente
boliviano, que es interés del gobierno chileno secundar.
La buena
suerte que, a pesar de todo, favorece las relaciones fraternales de
Bolivia y Chile, sería una casualidad caprichosa si Chile y Bolivia
no supieran aprovecharla; será un auxiliar de la buena fe
internacional, si se tiene inteligencia y decisión para aprovecharla.
Aprovéchese, pues, la buena suerte, y establézcanse definitivamente
las bases del concierto perpetuo que debe existir entre países dos
veces unidos con lazos íntimos; hermanos por el origen y la
geografía, hermanos por la comunidad de intereses industriales.
Chile y Cuba.
(En: La Patria. Valparaíso, setiembre 24 de 1872).
Ha empezado
Chile a merecer ese honor de que hablamos más arriba. Chile se ha
acordado de Cuba. Durante los días de la patria chilena, la bandera
de Cuba, la bandera que en los días que vivimos consagra los
heroísmos de un pueblo ha ondeado triunfalmente en el más alto risco
de Huelen y ha ocupado el lugar de preferencia en el trofeo militar
de la Exposición. Ese es un compromiso. Chile se ha comprometido
ante sí mismo a reconocer como nación, como hermana, como
coeficiente de la vida americana, a la Isla, que simboliza la
estrella solitaria. Qué es lo que debe hacer para cumplir su
compromiso, nadie puede saberlo tan bien como el gobierno, nadie
puede hacerlo tan fácilmente como él: ha reconocido ante sí,
reconozca ante el mundo; ha dicho al pueblo que reconoce a Cuba,
diga a todos los pueblos que reconoce la independencia de la Isla y
la existencia de la República de Cuba. No se crea que es más débil
de lo que es, ni se niegue por un sentimiento pernicioso de su
debilidad, a hacer una acción justa. La palabra de Chile es
respetada, y por lo mismo que ha tardado en pronunciarle , puede ser
eficaz. Detrás de Chile vendrán los demás gobiernos
latino-americanos a declarar que Cuba es independiente, y acaso ese
simple reconocimiento de su derecho que el heroísmo cubano está
convirtiendo en hecho, bastará para crear el último período
necesario de la revolución de Cuba: el período internacional.
Hasta
sabemos que para actos de esa trascendencia importa a los gobiernos,
(sobre todo, cuando no tienen fuerza internacional) obedecer a
impulsos de opinión, a clamores públicos, a actos populares, a
deseos colectivos; pero si la opinión es unánime, y se sabe; si los
clamores no se lanzan, porque se desconfia de su éxito; si el pueblo
no obra, porque tiene la triste convicción de la ineficacia de sus
actos, al gobierno toca estimular a la opinión, provocar los
clamores, estimular los actos populares, y el medio más pronto es el
reconocimiento.
Tan natural y tan lógico parece ese acto al sentido común del país,
que muchas personas se nos han acercado en estos días a
congratularse con nosotros del que llamaban éxito feliz de nuestra
solitaria propaganda en favor de Cuba, y, mostrándonos en la cumbre
del Huelen la estrella de Cuba, nos han presentado como un hecho el
reconocimiento oficial de la Indpendencia; y cuando nosotros,
moviendo tristemente la cabeza, atribuíamos al señor Guillermo Matta,
a un judío errante de la libertad y al señor intendente de Santiago,
la presencia de la bandera cubana en los regocijos de la patria
chilena, han exclamado: "Pues Cuba sería reconocida si Vicuña
Mackenna fuera gobierno." Es decir. Cuba sería reconocida, si
alguien tuviera en el gobierno el generoso desdén que tiene el
intendente de Santiago por los respetos vacíos de nuestra diplomacia.
Reducido todo a ese
escrúpulo pueril, que tanta torpezas nos hace cometer, ¿por qué no
lo vence el gobierno y da a Chile un día de gloriosa satisfacción, y
se da a sí mismo la fuerza que anda buscando en arbitrios que más lo
debilitarán cuanta más fuerza le den en el momento?
Grandes actos,
exponentes de grandes ideas, eso es gobierno fuerte, gobierno
incontrastable, gobierno glorioso. A los grandes actos no resisten
las dudas más auteras: a las grandes ideas se asocian los enemigos
más severos.
Reconózcase a Cuba,
y los más supicaces empezarán a deponer su suspicacia. Quien quiere
confianza, la conquista.
LA PATRIA.
VALPARAÍSO, SETIEMBRE 23 DE 1872.
ECOS DEL DÍA.
La inauguración de
la exposición, que otros podrán desde otros puntos de vista comentar,
tiene para nosotros un interés especial: el que le comunicó al
discurso de su presidente el señor Guillermo Matta.
Gracias a él y al
señor B. Vicuña Mackenna, que se prestaron calorosamente a aceptar
la bandera de Cuba como uno de los símbolos de la nacionalidad
latino- mericana; gracias a ellos, que dieron a esa bandera el lugar
de preferencia, ya no podrá nadie dudar de las simpatías de Chile,
pueblo y gobierno, por la heroica isla americana qe' trata de romper
los últimos lazos férreos que ligan al nuevo con el antiguo
continente.
Haciéndose
intérprete de esas simpatías, el señor Matta pronunció nobilísimas
palabras que, acogidas ardorosamente por un público tan numeroso
como escogido e ilustrado, probarán siempre que la república del
extremo sur piensa fraternalmente en la naciente república que el
sol de los trópicos enardece.
Si se
pregunta por qué, palpitando en el corazón de cada chileno el
sentimiento evocado por el señor Matta, no es más eficaz la acción
de Chile en favor de Cuba, podría responderse a la pregunta con
tantas respuestas cuantas sugiere la situación política y social del
país; pero como ninguna de esas respuestas correspondería al efecto
generoso que sentían el presidente de la exposición y el público que
lo escuchaba, y como aun palpita en nosotros la gratitud con que
pagamos toda expresión de sentimientos americanos, toda
manifestación del ideal que acariciamos, preferimos y creemos
necesario preferir el abandonarnos por completo al júbilo que
experimentamos.
Hace muy pocos días
acusamos de indiferente y pasivo en la cuestión de Cuba a Chile, y
hoy tenemos la obligación de manifestar que Chile, como Colombia (de
cuyo amor por Cuba hablamos con entusiasmo) sería uno de los pueblos
más decididos por el triunfo de la revolución cubana, si el
presidente de la república de Chile (que, al oír al señor Matta
hablar de Cuba, manifestó con demostraciones que todos pudieron
observar su adhesión a las ideas expresadas por el orador) tuviera
delegados de su poder que, como el intendente de
Santiago, no temían reconocer en la bandera de Cuba el símbolo de
una nueva nación americana; tuviera ecos en la opinión pública que,
como el señor Matta, no temían decir en plena luz del día, a la faz
de Chile entero, en la más hermosa de las fiestas patrias, ligando
el recuerdo de los grandes días chilenos a los grandes días
americanos que amanecen ahora a las Antillas: "antiguas colonias,
que debéis a la independencia, al trabajo y al progreso, al
bienestar y al respeto universal de que gozáis, acordaos que si sois
naciones, que si sois entidades libres, lo debéis al espíritu de
solidaridad que hoy invoca la martirizada Cuba."
Cualesquiera sean
las apreciaciones de la situación actual de Chile, es imposible que
a nadie se oculte la inmensa fuerza moral que darían a esta
república, ya fuerte por su organización política interior, su
expansión hacia intereses más altos, más humanos, y el presidente de
la república debe más de una vez (si quiere para Chile la noble
gloria de ser la primera de las repúblicas latino-americanas) echar
de menos el consejo de hombres que enlacen el porvenir en el
presente, el concurso de una opinión pública que enlace la vida
interior con la exterior de la república.
Podrá,
pasados ya los recuerdos de las fiestas patrias, volver a dormir en
el espíritu público el sentimiento americano que ha despertado la
voz del señor Matta, que el intendente de Santiago se ha apresurado
a simbolizar en la unión de la bandera cubana a las demás banderas
americanas, que el presidente de la república ha oido expresar
con manifestas señales de complacencia; pero si ese generoso
sentimiento vuelve a dormir; si Cuba no vuelve a ser para Chile y su
gobierno, otra cosa que un tema de secretas simpatías, que un
trópico de adoraciones personales, culpa será de cuantos, pudiendo
contribuir a mantener despierto en el espíritu público ese
sentimiento salvador, esa aspiración universal de los pueblos
americanos, consienten en dormir el sueño que duermen los contentos
de sí mismos, que, sean pueblos o sean hombres, son egoístas cuando
sólo piensan en sí mismos, son débiles porque son egoístas y porque
sólo piensan en sí mismos.
Sí: tenía razón el
señor Matta. La apertura de la exposición "es también una página
histórica de América. Que ella sea, como la época que recuerda,
triunfo común y triunfo americano. Fiesta cívica de Chile este año
traduzca en nobles acentos la sincera fraternidad de nuestros
corazones", y así como se enlazan en sus trofeos todas las banderas,
así se enlacen en una misma santa idea todas las almas republicanas
del nuevo mundo, tanto los que viven haciendo su faena de progreso y
de ventura, como los que luchan haciendo su faena de martirio y de
lágrimas; los que en el Plata, en Colombia, en el Perú mueven las
ruedas de la industria, agitan la antorcha de los ideales del arte
para triunfar de la miseria y de la ignorancia, como los que en la
magnánima Cuba se arman valientes y heroicos se sacrifican para
conquistar su independencia y su libertad!"
Y ahora, gimiendo y
suspirando, exclamemos: así sea!
LA PATRIA.
VALPARAÍSO, SETIEMBRE 13 DE 1872.
ECOS DEL DÍA.
Discursos diplomáticos y brindis prueban que Bolivia y su gobierno
constitucional están distantes de los sentimientos hostiles y del
patriotismo agresivo que algunos malos traductores del sentimiento
nacional y peores intérpretes de los últimos acontecimientos habían
hecho temer.
En palabras
oficiales y familiares, el presidente constitucional de Bolivia ha
dicho expresamente que cree en la lealtad del gobierna chileno, que
no da valor a rumores infundados, que persevtóá en la misma conducta
que ha mantenido las relaciones cordiales de los gobiernos de
Bolivia y Chile.
Ya estaríamos
cansados de insistir en la vaciedad de los medios empleados, más
torpe que criminalmente, por los interesados en hacer triunfar el
amor propio o el interés exclusivista de Bolivia o Chile, y no
volveríamos a manosear el tema ya gastado, sino importara tanto como
importa hacer constar que entanto prepondere en el gobierno de Chile
y de Bolivia la reflexión sob^e los impulsos del sentimiento
irreflexivo, habrá esperanza de dar una solución definitiva a las
diferencias de dar una solución milivd a IdÁ-Tttfcrüncias añejas que
el tratado de 1866 intentó en vano destruir.
La conducta
del plenipotenciario chileno en Bolivia; la del gobierno boliviano;
los sentimientos personales del presidente de la república vecina;
los esfuerzos del gobierno chileno, -todo prueba que las partes
comprometidas en la interpretación del tratado e interesadas
inmediatamente en resolver el problema que el tratado incluye,
obedecen a móviles más racionales que los a que quisieran obedecer
los que, cansándose pronto de las dilaciones del derecho, verían sin
vergüenza y sin remordimiento que el gobierno y el pueblo de Bolivia
y Chile abandonaran la discusión de sus intereses a la fuerza.
Probándose
como va la posibilidad de terminar fraternalmente las negociaciones
que nunca debieran dar pretexto a suspicacias, recelos, dudas y
alejamiento, está probado que el resultado final depende de la
sinceridad en la conducta, de la claridad en el intento y de la
benevolencia en el modo de establecer el derecho que se arguye.
Si el intento
de Chile y Bolivia no es otro que la salvación del derecho que ambas
repúblicas tienen a gozar de la posesión y de los bienes que el
territorio y las riquezas del desierto representan, por difícil que
sea la definición de ese derecho y por mucho que lo haya oscurecido
el tratado, es indudable que esa definición y distribución de
derecho puede hacerse.
Si no se hace
del modo definitivo que conviene a la paz de ambas repúblicas, culpa
será de los que no sepan o no quieran encerrarse en los estrictos
límites de su derecho.
*
* *
La exposición
artística e industrial que en las ya próximas fiestas de la patria
va a servir de punto de partida a una nueva Era, la Era de la razón
nacional, que muestra en sus progresos las pruebas de la justicia
con que rompió el yugo que la estacionaba; la exposición nos
recuerda cómo ha celebrado Bogotá, capital de la Unión Colombiana,
su fiesta de la patria. Todo ha sido allí simbólico; todo ha sido
una lección; todo una muestra de progreso.
Y como era
natural que al recordar el día venturoso con que la colonia de Nueva
Granada dejó de ser esclava para ser una nación independiente, se
recordara^ también el pueblo americano que aun lucha contra España
por ser dueño de su propia vida, Bogotá ha recordado a Cuba.
Presidente de la Unión, oradores, estudiantes, pueblo, todo
cuanto piensa, siente y quiere; todos cuantos anhelan la integridad
del continente americano, celebraron con aclamaciones y con lágrimas,
con símbolos y con manifestaciones patentes la simpatía del pueblo
colombiano por el cubano, el interés de los herederos de Ricaurte
tienen en el triunfo de los héroes que ha dado Cuba a la historia de
la independencia americana.
No hace
muchos días, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile publicaba
su memoria, y en ella no ha cabido ni una sola palabra favorable a
Cuba. Acaso tendremos hasta banderas españolas en las fiestas
patrias, y si aparecen (como es posible) algunas banderas de Cuba a
completar el juego de colores nacionales, tal vez sea la
condescendencia piadosa quien haga la concesión.
El Presidente
de Colombia, que no cree ni teme comprometerse declarando a la faz
del mundo que Colombia es un pueblo americano, ha dicho en su
alocución a los pueblos que gobierna: "Hoy es día de pensar en los
que siguen nuestras huellas: Cuba está allí penando y pugnando;
pensemos en Cuba."
El pueblo
colombiano que ha visto triunfar o sucumbir a algunos de sus hijos
bajo el ya sagrado pendón de Cuba, lo conoce, lo respeta, lo bendice;
y sus estudiantes se lo colocan como insignia, y sus oradores lo
tremolan al arengar a la muchedumbre.
Hemos creído
conveniente, antes de entregarnos a los olvidos de la fiesta,
mostrar en la conducta de Colombia un ejemplo digno de Chile.
LA PATRIA.
VALPARAÍSO, AGOSTO 29 DE 1872.
ECOS DEL DÍA.
Ayer nos sorprendió la noticia más inesperada: el rompimiento de
relaciones diplomáticas entre Chile y el Enviado de Bolivia. No
decimos que sea rompimiento ente los dos gobiernos y las dos
repúblicas, porque tenemos suficiente fe en la cordura y en el
patriotismo de ambos gobiernos y nos atrevemos a tener en el
americanismo de ambos la esperanza necesaria para no ver realizado
uno de los males más funestos que podrían caer sobre uno y otro
pueblo.
El motivo ocasional
del rompimiento es la expedición filibustera de Quevedo. El
Plenipotenciario de Bolivia ha afirmado que la expedición había
tenido poderosos auxiliares en Chile. A la afirmación oficial del
Plenipotenciario contestó el Ministro de Relaciones exteriores con
un plazo perentorio para recibir las pruebas fehacientes de la
afirmación: no recibidas, el gobierno ha notificado al Representante
de Bolivia que ha pedido su retiro al gobierno boliviano.
Previendo las
dolorosas consecuencias que podría tener la salida de la expedición
filibustera, nosotros cuidamos de protestar contra ella, y de probar,
con las notas cambiadas entre el Intendente de Valparaíso y el
Ministro e Relaciones exteriores, que el gobierno y sus delegados
habían hecho lo necesario para evitar que saliera de un puerto
chileno una expedición armada contra Bolivia. No podíamos
creer ni creemos ni jamás creeremos que las palabras oficiales que
entonces correspondieron en nuestra confianza a la dignidad del
gobierno chileno, eran meras palabras, que disfrazaban una intención
vergonzosa. Ahora, como entonces, creemos que esas pruebas bastan
para demostrar al gobierno boliviano la lealtad de sus aliados, y
ahora, como entones, creemos que el gobierno de Bolivia no se
abandonará a los impulsos que han extraviado la conducta de su
representante.
Estamos muy
lejos de creer que éste ha obedecido a móviles innobles, y no
tenemos, por qué ni para qué confundir impul^s que, aún violentos,
pueden ser y son patrióticos, con pasiones que dejarían de ser
nobles en un momento en que fueran personales. Creemos que el
Plenipontenicario de Bolivia ha cometido un error, y porque pensamos
que ningún pueblo es solidario de los errores de sus representantes,
que ningún gobierno es responsable de los errores de sus enviados,
pensamos que el pueblo de Bolivia y su gobierno pueden hacer
justicia a su Plenipotenciario, sin por eso romper con Chile.
El gobierno
chileno tiene mucho más interés en la estabilidad del orden
restaurado por la actual administración de Bolivia y en el arreglo
tranquilo de las cuestiones pendientes, que en el triunfo de una
revolución, aunque fuera una verdadera revolución y no un acto de
filibusterismo el de que temerariamente se le supone cómplice o
encubridor. Aceptando la inmoral ley de las naciones que atribuye a
los intereses materiales la eficacia absoluta que niega a intereses
más elevados y tan eficaces como ellos; y suponiendo que el gobierno
de Chile no tenga en las relaciones con Bolivia ninguna de las ideas
que determinaron el tratado vigente de alianza y constituyen en
cierto modo los elementos efectivos de las relaciones
latino-americanas —el interés de Chile es la paz con Bolivia, el
orden inalterable en Bolivia, la terminación definitiva de las
diferencias creadas por el tratado de límites. A la paz, al orden,
al arreglo de diferencias se oponen directamente las tentativas que
hacen o hagan los perturbadores del orden en Bolivia, y el gobierno
de Chile, protegiéndolas, sería, no como dice el Ferrocarril, mas
que un bribón, un necio, sino como decimos nosotros, sería más que
un necio, sería un bribón. Además de necio y de bribón, sería un
malvado: habría hecho un daño directo a sus nacionales, que esperan
de la probada lealtad de su gobierno la estabilidad del orden
económico creado por ellos en el Desierto: habría hecho un mal
positivo al comercio, que ahora mismo se está asustando de los
riesgos a que lo expondría una guerra: habría hecho un mal
irreparable a América latina, que ya no podría descansar en la
confianza de que la unidad de intereses materiales y morales del
continente hace imposible el reinado internacional de la fuerza en
este continente.
De cualquier
modo que sean las cosas, las lamentamos.
*
* *
Los azotadores de
Ragno, reos de un delito infame, han sido condenados en primera
instancia: el más criminal de todos, a la pena de muerte: el
cómplice más delincuente, a diez años de penitenciaría, a A
vergüenza pública y a privación del ejercicio de su facultad, la
medicina: el encubridor de uno y otro, a los mismos diez años de
prisión y a la misma vergüenza pública.
Ya está satisfecha
la conciencia: ya puede la justicia ser clemente.
Abominable crimen
es el cometido por esos salvajes; pero abominable es también la
tradición penal que les había hecho perder la conciencia del crimen
cometido.
Diremos en términos
claros lo que acabamos de decir en términos oscuros: esos hombres no
hubieran cometido ese crimen, si no existiera la pena de azotes. Esa
pena infame e infamante mata de un golpe dos dignidades; la del
castigado, la del que castiga: amortigua a la vez dos conciencias;
la del que sufra la pena, la del que la ejecuta.
En la pena está el
mal, mas que en los hombres. Acaben los azotes y acabarán los
azotadores.
Lo que importa no
es matar a un hombre, sino matar la pena que lo ha hecho tan duro de
conciencia. Lo que importa no es estigmatizar con la vergüenza
pública a dos hombres, sino salvarnos todos de la vergüenza que cae
sobre todos, ensañándonos en criminales ya reprimidos por el castigo
que merecen.
Clemencia no es
impunidad, y cuando pedimos clemencia no pedimos impunidad.
Pedimos que se
castigue el crimen, porque no queremos que se inutilice al criminal.
La pena de muerte
inutiliza al hombre para el mundo; la pena de verngüenza pública
inutiliza al hombre para la sociedad. Pedimos que no se confirme la
pena de muerte fulminada contra el autor del crimen de Rango;
pedimos que no se confirme la sentencia de vergüenza pública que ha
caído sobre los cómplices y encubridor de ese crimen.
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