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40 YEARS OF PELL GRANTS

By Hostos Community College President Félix V. Matos Rodríguez, Ph.D.
El Diario La Prensa
Thursday, September 20, 2012

This year marks the 40th anniversary of the establishment of a program that has helped millions of low-income students gain access to college. That is the Pell Grant program.

Created in 1972, these “ladders to higher education” were initially called Basic Educational Opportunity Grants. They were renamed Pell Grants to honor Democratic Rhode Island Senator Claiborne Pell, one of the program’s main proponents.

While Pell Grants have helped approximately 60 million students since 1972, their purchasing power has diminished considerably in the past 30 years. In 1980, the Pell Grant covered 69% of the total cost of a public university; in 2010, the scholarship covered only 34% of the total cost.

Students at two-year institutions like Hostos Community College benefit the most from Pell Grants. Last year, 3.35 million community college students in the U.S. received these grants, representing 37% of all program participants. Also last year, the cost of the program decreased by 6%—about $2.2 billion less than in the previous year. This decline seems to indicate stabilization in the programs’ funding, due in part to limiting the opportunity for students to study during the summer, reducing the number of semesters of eligibility, and other measures.

A recent study by Richard Kahlenberg of the Century Foundation found that as the federal government has invested less in Pell Grants, other programs that benefit the upper middle class (families with annual incomes between $100,000 and $180,000) have skyrocketed. These programs include tax credits for college and merit-based aid. While they help the middle class, they are not effective in helping low-income families send their children to college.

These policies, and the lack of consensus among our political factions, have led to significant decline of our global education competitiveness and to reducing the possibility of upward social mobility for low-income families. We still have time to make education our most important investment to help improve the economy and everyone’s quality of life.   Strengthening programs such as Pell Grants can help millions more achieve the "American Dream" of joiningand strengthening the middle class in the United States. If our goal is to help more students earn college degrees, it is vital to focus on individuals who do not have the financial resources to do so. If this is our true goal, it is important to understand that tax credits and merit-based aid programs are not effective or responsible alternatives during fiscally austere times.

Given that our nation is currently engaged in discussions about the rising costs of college education and student debt, it is important that we highlight the success and accomplishments of programs like the Pell Grants.

Forty years ago, the country recognized—with bipartisan consensus in Washington—the importance of investing in education in order to support low-income and middle-class people. Forty years later, we have lost our focus.  Our government is investing less on those who need the most assistance, while ascribing the bulk of costs to students who need the most help.

It is not too late to refocus and head in the right direction.

 

40 AÑOS DE LAS BECAS PELL

Por el Dr. Félix V. Matos Rodríguez, Presidente de Hostos Community College
El Diario La Prensa
Jueves 20 de septiembre de 2012

Este año se cumplen cuarenta años del establecimiento de unos de los programas de mayor impacto en facilitar el acceso de estudiantes de bajos recursos a la educación universitaria: las becas Pell.

El programa se creó en el 1972 bajo el nombre de “Basic Educational Opportunity Grant” para darles acceso a estudiantes de familias de bajos recursos a una educación universitaria.  Luego se cambió el nombre a becas Pell en honor al Senador Claiborne Pell de Rhode Island quien fue uno de los propulsores principales de este programa.

Las becas Pell han beneficiado a cerca de 60 millones de estudiantes  desde el 1972.  El poder adquisitivo de estas becas ha mermado considerablemente en los últimos 30 años – en 1980 la beca Pell cubría el 69% del costo total de una universidad pública; en 2010 la beca solo cubría el 34% del costo total.

Los estudiantes de los colegios comunitarios como Hostos son los que más se benefician de las becas Pell.  En el año pasado, 3.35 millones de estudiantes de colegios comunitarios en los EE.UU. recibieron estas becas, representando el 37% de todos los participantes del programa.  El año pasado, además, el costo del programa disminuyó un 6% -- cerca de $2.2 billones menos que el año anterior.  Esta merma parece indicar una estabilización en el financiamiento del programa gracias, en parte, a medidas que han limitado la oportunidad de estudiar los veranos y reducido el número de semestres de elegibilidad.

Un estudio reciente de Richard Kahlenberg del Century Foundation indica que a medida que el gobierno federal invierte menos en las becas Pell, otros programas que benefician exclusivamente a las clase media-alta (familias con ingresos entre $100 a $180, 000 anuales) han crecido vertiginosamente.  Entre estos programas se encuentran los créditos contributivos por asistir a la universidad y las becas por alto aprovechamiento académico.  Estos programas ayudan a la clase media alta, pero no son efectivos para ayudar a familias de bajos ingresos a enviar a sus hijos a la universidad.

Estas políticas, y la falta de consenso entre nuestras facciones políticas, nos han llevado a desmejorar significativamente nuestra competitividad a nivel mundial y a reducir la movilidad social de familias pobres hacia la clase media.  Estamos a tiempo de restablecer la educación como la inversión más importante que podemos hacer para mejorar la economía y la calidad de vida de nuestro país.  Fortaleciendo programas como las becas Pell podemos lograr que el “Sueño Americano” de ingresar a una clase media próspera sea una realidad para más personas en los Estados Unidos.

Si nuestra meta es lograr que más estudiantes cursen grados universitarios, es vital enfocarnos en aquellos individuos que desean completar una carrera universitaria pero no tienen los recursos económicos para hacerlo.  De ser esta nuestra verdadera  meta, es necesario entender que los programas de créditos contributivos y becas por aprovechamiento académico no son alternativas ni efectivas ni responsables en tiempos fiscalmente apretados.

Es oportuno en estos momentos que se debaten los altos costos universitarios y el endeudamiento estudiantil, resaltar el éxito de programas como la beca Pell.   Hace cuarenta años en el país reconocíamos – y existía consenso bipartita en Washington – de la importancia de invertir en la educación para lograr una mejoría en la calidad de vida de nuestras familias pobres y de clase media.  Cuarenta años después hemos perdido nuestro norte invirtiendo menos como gobierno en quienes más lo necesitan y pasándoles el grueso de la responsabilidad de los costos universitarios a los estudiantes que más necesitan ayuda.  Estamos a tiempo de corregir nuestro rumbo equivocado.

http://www.eldiariony.com/40_anos_de_las_becas_Pell

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